Finanzas

Violencia económica, aspectos micro y macroeconómicos

Diego Tomás Montero

17/Octubre/2020

Uno de los retos al que la sociedad económica, como la conocemos, se enfrenta actualmente es poder lograr una inclusión holística de la mujer en la economía.

Se define a la violencia económica como toda acción u omisión que afecta la economía de la mujer, a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, en la restricción, limitación y/o negación injustificada para obtener recursos económicos, percepción de un salario menor por igual trabajo, explotación laboral, exigencia de exámenes de no gravidez, así como la discriminación para la promoción laboral.

Uno de los retos al que la sociedad económica, como la conocemos, se enfrenta actualmente es poder lograr una inclusión holística de la mujer en la economía. ¿Qué acciones y omisiones debemos de desincentivar o incentivar en la persona mexicana promedio para cumplir este fin? Para aclararlo pensemos en un status quo desde un nivel micro, la familia; hasta un nivel macro, México. Este status quo a pesar de ser ficticio no le pide nada a la realidad.

María es una mujer de familia promedio en México que no tiene acceso a una chequera ni a tarjetas de crédito. Tiene que dar cuentas a su marido de todo lo que gasta. No puede participar en las decisiones económicas del hogar y si trabaja, tiene que entregar su cheque, por eso prefiere quedarse en casa a cuidar a sus hijos. Su marido le niega el dinero suficiente para que satisfaga sus necesidades elementales, a saber: comer, vestirse, actividades de recreación, un lugar digno para vivir o tener derecho a una clínica de salud.

Las veces que María ha ganado dinero trabajando informalmente se ha comprado ropa o perfumes pero su marido se los ha roto o tirado a la basura. La única vez que fue a pedir trabajo formal a un call center la rechazaron por tener tres hijos y no tener el tiempo suficiente para la empresa. Ya que no le dieron el trabajo recomendó a su sobrina desempleada Andrea.

Andrea tomó el trabajo por necesidad ya que en la empresa donde trabajaba sus compañeros ganaban 30% más y ellos hacían mucho menos trabajo. Pidió un aumento salarial pero nunca se lo concedieron, desesperada y enojada se dirigió a recursos humanos a reportar el caso pero le dijeron que su caso no era el único, que esperara en la línea detrás de Elisa y de los otros supuestos casos que estaban manejando.

Elisa venía de Puebla, de una familia de clase media, a hacer sus pasantías en la CDMX. Su jefe compartió en la oficina las fotos íntimas que Elisa le vendió por medio de su página web, su segundo ingreso económico, ahora la empresa no sabe qué postura tomar con respecto al tema así que optará por despedir a Elisa por no cumplir con el código de ética. Esta otra compañía de telecomunicaciones enfrenta casos similares con sus empleados, Grupo Salinas.

En Grupo Salinas los casos de atraso en los pagos quincenales y casos graves de explotación laboral se presentan 3 veces más en mujeres que en hombres. Hay un código de vestimenta para las mujeres en el cual se lee: “las mujeres no podrán llevar vestido sin medias ni vestidos entallados o escotados o cualquier otra prenda que acentúe su silueta”.

Este tipo de normas laborales en las empresas privadas han disminuido gracias a los diferentes amparos promovidos por bloques políticos encabezados por mujeres. A pesar de ser algo positivo el gobierno no ha legislado sobre esta materia puesto que hay otras

prioridades en la mesa. Esto no impide a cualquier político con un poco de hambre pública tomar la batuta del movimiento para bañarse en buenos comentarios mediáticos para la siguiente elección.

Surgen figuras como el diputado chihuahuense Samuel que se suben al barco a apoyar el movimiento y se bajan de él una vez llegados al puesto, imposibilitando que esta voz llegue a plasmarse en ley. Y aún plasmada la ley no se persigue el delito, acción u omisión; María, Andrea, Elisa y miles más no encontrarán solución a sus demandas y otras más ni siquiera lo reportarán. Este status quo a pesar de ser ficticio es análogo a la realidad.
Como economista en proceso considero que el pleno desarrollo de la libertad económica de un individuo es fundamental para su crecimiento bio-psico-social. El caso de la violencia económica contra un sector tan importante de la población es algo inaceptable e incluso contraproducente para la economía nacional.

La economía es la administración del hogar que, a su vez, está compuesto por una familia cualquiera en la cual participan dos o más individuos. Bajo un ingreso conjunto, o un ingreso familiar, las decisiones económicas que un individuo tome afectarán directa o indirectamente a todos los integrantes de esta familia. Por ende debemos de entender que es sustancial un protagonismo en la toma de decisiones de todos los individuos que colaboran o son afectados por el ingreso familiar.

Una buena decisión para el cuidado y mejoramiento de la economía de, en este caso una mujer, es la apertura de una cuenta de banco y sacar una tarjeta de crédito para su propio bienestar o el de su familia. Cuando deliberadamente se le prohíbe este derecho a un individuo estamos disminuyendo el ciclo económico ya que los bancos tienen menos dinero para prestar a otras personas; recordemos que por cada mil pesos en el banco hay más de diez mil en préstamos.

Cuando se niega la libertad de decidir sobre su dinero a una mujer se está ralentizando la economía debido a la disminución en el consumo, y esto es grave porque no sólo es a una sola mujer sino miles. El impedimento a la mujer al acceso de comida, vestido, actividades de recreación, un lugar digno para vivir o a una clínica de salud daña los trabajos de otras personas, la economía de más mujeres, hombres y niños.

Siguiendo esta línea argumentativa entendemos que uno de los sectores poblacionales más vulnerables es la mujer tanto en el aspecto formal como informal de la economía. Cientos de empresas, buscando maximizar ingresos, pagan menos al trabajador día con día pero a las trabajadoras les pagan aún menos por un simple hecho aleatorio de nacimiento y por un arquetipo que se ha tenido desde hace ya varias generaciones sobre la mujer.

Esto nos lleva a dos pilares fundamentales de la sociedad para poder cambiar dicho arquetipo: la familia y el gobierno. Desde la familia debemos de dejar claro a todos sus integrantes la importancia que juega cada uno de ellos dentro de la misma; ya que se ha menospreciado el rol de la mujer es este el que debemos de apoyar más. Para esto es necesario el gobierno, políticas inclusivas a la mujer, políticas educativas desde nivel primaria, políticas preventivas para el acoso y violencia en todo sus sentido son necesarias en una sociedad como la que tenemos hoy día.

Políticas que no ataquen a los efectos de la violencia, sino a la violencia misma, a las causas verdaderas. Estas políticas deben de ir acompañadas de actores y actoras que sancionen eficaz y eficientemente este tipo de acciones u omisiones, pero ante todo dirigidas y encabezadas por mujeres. Debemos de contemplar que también hay mujeres a las que no se les da tanta importancia en las políticas públicas como a trabajadoras del hogar, mujeres indígenas o trabajadoras sexuales.

Y a pesar de que sus acciones repercuten directamente en economías locales, estatales, nacionales o regionales son agentes económicos que están fuera del marco legal de un país o muchas veces sancionadas por el mismo pero siempre desprotegidas. La economía presenta muchas áreas de oportunidad para incentivar un cambio social ya que podemos cuantificar el cambio positivo aumentando riquezas y orientando a la sociedad a tomar un rumbo distinto, inclusivo, igualitario y necesario.