Póster de The Sacrament. / Imagen de Amazon

Cine, Entretenimiento

The Sacrament, el miedo a las sectas

Fernando Roura

10 de Mayo de 2021

The Sacrament se basa en la tragedia de Jonestown, considerada la mayor masacre humana estadounidense (más de 900 muertos) por causas no naturales hasta los atentados del 11S.

Sam (A.J. Bowen), periodista de la revista Vice, perdió el contacto con su hermana Caroline (Amy Seimetz), drogadicta, años atrás. De repente, recibe una carta en la que la chica asegura estar rehabilitada y feliz, viviendo en una suerte de comuna hippie en la que ha descubierto a Dios. Las alarmas se disparan, y Sam decide ir a conocer el lugar en el que su hermana asegura haberse recuperado, acompañado de un cámara, Jake (Joe Swanberg) y un fotógrafo, Patrick (Kentucker Audley), para grabar un reportaje.

Jonestown fue el lugar de residencia que construyeron Jim Jones (nótese el ego desmedido de apellidarse Jones y llamar a tu ciudad Jonestown) y su People Temple, su séquito/iglesia/secta. En la película de Ti West, Jim Jones no tiene nombre: sus acólitos le llaman “Padre”, y está interpretado brillantemente por Gene Jones. Pero llegar a Eden Parish, el trasunto cinematográfico de Jonestown, no es tan sencillo: Sam, Jake y Patrick tienen que ir en helicóptero hasta un lugar indeterminado, presumiblemente en el sur de América, y de ahí son llevados en camioneta hasta la colonia. De nuevo, vuelven a ponerse en alerta: si se trata de un lugar pacífico, ¿por qué hay guardias armados franqueando el terreno?

Caroline sale a recoger a Sam, e introduce a los periodistas en Eden Parish, un idílico lugar donde la vida vuelve a sus orígenes: todo cultivado con las manos, todo fabricado por ellos, al margen de la sociedad. Sam quiere conocer al creador de todo aquello, Padre, y su hermana se ponen de acuerdo para concertar una cita. Mientras tanto, los periodistas recorren la zona, hablan con sus habitantes… y Ti West demuestra que sabe cómo dominar las corrientes subterráneas, creando un clima malsano con una apariencia de absoluta lucidez y transparencia.


Escena de la película. / Imagen de IMDB


Su película se adscribe al formato cámara en mano, pero que no cunda el pánico: los años de found footage han servido para que, al menos, los responsables de esta nos ahorran dos de las costumbres más fastidiosas de este modo de hacer: por un lado, apenas hay momentos de oscuridad en los que nada se ve y la cámara, encima, no para de moverse. El grueso de la trama sucede a plena luz del día, y por norma general, las escenas se ven, no hay que intuirlas y arrancarse los ojos para discernir una silueta humana. Por otro lado, y este es mucho más importante, la historia no tarda ni dos minutos en arrancar. Adiós a prólogos de media hora sobre la anodina vida cotidiana de nuestros protagonistas antes de la tragedia.

Escena de la película. / Fuente: IMDB


Es innegable que hay una construcción dramática tras todo este material. Puede que no tenga subrayados y artificios, pero, por el contrario, la intención del material marca el orden del mismo: nada ocurre en el momento que ocurre por casualidad, todo tiene una función y un objetivo. Incluso en el tramo final, hay pequeños (minúsculos) intentos de sorprendernos recogiendo notas de caracteres de algunos personajes sembradas previamente para obtener una reacción en el desenlace, como con uno de los guardias de seguridad.

Escena de la película. / Fuente: IMDB


Además, siempre dentro de esta “neutralidad”, el guión de Ti West encuentra huecos para desarrollar ciertas escenas que, evidentemente, nunca habrían tenido ese impacto “naturalmente”. La palma se la lleva, sin duda, la entrevista entre Sam y Padre: ambos actores están espléndidos, y durante la misma, es prácticamente imposible no contener la respiración.

Y, sin duda, donde The Sacrament no puede compararse con ningún reportaje o telefilm es en el trabajo de sus actores. Están todos sencillamente impresionantes, y la dirección de West ayuda a que así sea. Consiguen, entre todos, que realmente se sienta que se ha estado allí, en ese asentamiento capitaneado por un loco alucinado, y por momentos lo que ha actuado en contra (la falta de un giro final) juega a favor: suena a realidad. Después de verla, busquen en YouTube Jonestown: se pueden ver algunos videos reales sobre la masacre. Son escalofriantes por sí mismos, pero consiguen que se recuerde la película como si, de verdad, fuera el testimonio real de la tragedia.