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Póster de The Killing of a sacred deer. / Imagen de Just Watch

Cine, Entretenimiento

The Killing of a Sacred Deer, horror en familia

Fernando Roura

12/Abril/2021

El cine de Lanthimos no ha hecho más que crecer en calidad y en su particular estilo narrativo. Un estilo que sume al espectador en un ambiente onírico, pero coherente, plagado de reflexiones y de ambigüedades morales.

Sus obras son como muchas esculturas modernas: imposibles de entender en un primer vistazo. Su distancia al abordar los personajes y los argumentos son una puerta abierta que será decisión del espectador atravesar.

The Killing of a Sacred Deer es, con permiso de Dogtooth, su cinta más oscura. Se trata de una atípica película de terror que maneja de forma nueva y fresca elementos del género tan reiterativos como las maldiciones o los extraños que se integran en una familia con intenciones oscuras. Una cinta donde reina la inquietud sobre el efecto fácil y en la que la atmósfera malsana termina por contaminarlo todo. Una película en la que se revisa, de nuevo, la cohesión de los lazos familiares.

Colin Farrell interpreta a Steven Murphy, un reputado cirujano que disfruta de una vida cómoda gracias al prestigio que le da su profesión. Sin que su mujer (Nicole Kidman) ni sus hijos lo sepan, Steven ha entablado amistad con el hijo de uno de sus antiguos pacientes, que falleció por una afección cardíaca. Finalmente, un día, el médico, decide presentar al muchacho al resto de su familia ignorando que las intenciones del joven (interpretado por Barry Keoghan) van a dinamitar los pilares sobre los que se asienta la estructura de su felicidad.

La aséptica operación de corazón con la que se abre encaja con la distancia y la precisión cirujana con la que Lanthimos presenta a cada uno de los personajes. Diálogos secos en unas actuaciones intencionadamente inexpresivas nos introducen, secuencia a secuencia, en una atmósfera inerte pero plagada de inquietud en la que el giro sobrenatural supondrá una implosión antes de expandir la trama al filo de la tragedia griega. Y es que, pese a los elementos fantásticos, lo que realmente inquieta en la cinta son las tensiones y dilemas que se producen entre los padres y los hijos cuando el personaje del joven intruso les fuerce a tomar una decisión brutal. Entonces será cuando los protagonistas abandonen esa contención para sacar a la luz sus sentimientos fuera de la carcasa burguesa donde los mantenían anestesiados.

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Barry Keoghan y Collin Farrell. / Imagen de Lincoln Center

A la excelente labor de dirección hay que sumar una potente banda sonora y una fotografía de tonos fríos y aromas añejos que empaquetan el conjunto con un aire a The Shining o Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick y a los grandes thrillers de los 70.

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Nicole Kidman. / Fuente: The Playlist

Collin Farrell repite con el director tras la extraña Lobster y nuevamente regala una actuación excelente despojando, con el transcurrir de los minutos, de cualquier resto de soberbia a su acartonado personaje inicial. Lo mismo hace Nicole Kidman, sacando todo el partido posible a su altivez para transformar a la esposa que interpreta en todo un enigma para el espectador. Pero sin lugar a duda, el valor interpretativo a destacar en esta película es la actuación de Barry Keoghan. Su candor inicial enerva y fascina llegando a transmitir agobio al espectador al ver en pantalla su invasión silenciosa al corazón de la familia.

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Escena de la película. / Fuente: Pinterest

El cine de Lanthimos precisa de espectadores intrépidos que quieran entrar en su propuesta, ya que él se limita a abrir la puerta y narrar su historia; somos nosotros los que decidimos si queremos entrar en ella y movernos entre los personajes o contemplar el conjunto desde el vano de la entrada. Con todo y con eso, en mi opinión, estamos ante la propuesta más asequible de este director en comparación con su celebrada Dogtooth o la críptica Alps. Pese a ser una de las mejores películas que he visto no sería justo no decir que posiblemente para bastantes aficionados al terror suponga toda una tomada de pelo. Pero si ya conocen a este director y les ha gustado su trabajo, aunque sea un poco, no pueden dejar de verla.