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Cultura

Sistema Braille: ¿invención o mera suerte?

Ayesha Gurría

6/Enero/2021

Louis Braille, que había perdido la vista de pequeño, desarrolló a los 15 años un sistema de lectura para las personas invidentes.

Un día en el que el padre del pequeño estaba distraído, Louis tomó un pedazo de cuero y una de las herramientas y jugando, se había perforado un ojo haciendo que perdiera la vista.

En el siglo XIX, estudiar era un privilegio de burgueses en Europa. Sin embargo, ni siquiera el estatus socioeconómico garantizaba equidad de oportunidades para aquellos que quisieran entrar al sistema educativo en Francia. A pesar de la condición de su hijo, la familia Braille se empeñó en que pudiera tener una educación mínimamente adecuada.
La ceguera no le impidió ir a la escuela, pero sí leer y a escribir. Sin embargo, era increíble para memorizar y retener los temas.

Percatandose de esto, una de sus profesoras lo recomendó con el Real Instituto para la Juventud Ciega (RIJC) de París. Viniendo de provincia, sin muchos recursos económicos, con un impedimento visual completo, ganarse una beca para estudiar ahí no era poca cosa. Parecía difícil de creer y más para un niño de 10 años.

Valentin Haüy, el fundador de la institución, había pensado que imprimir libros con las letras en relieve sería una buena alternativa para quienes habían perdido la vista. Esto implicaba un esfuerzo importante para los estudiantes, que tendrían que recorrer con el tacto cada letra para formar las palabras y con tiempo también frases. Sin embargo, el proceso era largo y cansado.

En 1821, un capitán del ejército francés visitó el Real Instituto para la Juventud Ciega. Compartió con Haüy un sistema que utilizaban los soldados en el campo de batalla para leer durante las noches, para evitar que el enemigo los divisara si prendían lámparas para ver el texto.

Este sistema llamó la atención de Louis Braille. Tomó el código y lo perfeccionó. Para cuando tenía 15 años, ya tenía un sistema funcional que podría servir a las personas invidentes de Francia. Fue tan efectivo que, para 1829, fue publicado de manera oficial por el gobierno francés.

Hay una razón por la que no se le llama lenguaje, y es por que se trata de un sistema de escritura adaptable a otros idiomas y códigos lingüísticos. No es de uno solamente, sin embargo, tardó largos años en ser adoptado en varios países como lo es hoy en día.

En la década de los 50, las autoridades de Francia decidieron colocar sus restos en el Panteón en París. Ahí, descansan eternamente algunos de los líderes intelectuales más celebrados de Francia. Sus manos, sin embargo, están en una iglesia de su pueblo natal, donde se le rinden una especie de culto por ser las que, en un principio, sintieron las letras en relieve.