Coyote Verde, Opinión

Review de la Mesa de Diálogo: “La Política Ambiental de la 4ª Transformación”, Pt 2

Jonathan Fletes

21/Julio/2020

En el segundo apartado de nuestra mesa, discutimos acerca de dos Proyectos Prioritarios del Gobierno de México: el Tren Maya y la Construcción Refinería “Dos Bocas”.

¡Hola, estimad@ lector(a)!
Como cada semana, me es grato saludarte. El día de hoy, te traigo la segunda parte del review de la Mesa de Diálogo en la que tuve el gusto de participar el pasado viernes 10 de julio, con el Lic. Fernando Solano, de SPISY, y sus invitadas, la Ing. Diana Laura Campos y la M. en C. Lucía Martínez González.

Acerca de este tema, se comentó que México es un país pionero en política ambiental, comparado con otros países mucho más avanzados en esta materia; sobre todo, los “países desarrollados”. Esto se dijo porque se considera que México aún presenta muchas áreas de oportunidad en materia de política pública ambiental; es decir, en cuestiones de formulación de programas, de actualización de normas oficiales mexicanas (NOM), adecuación de leyes, etc. A propósito, retomo algo que comenté en la publicación anterior, que el marco jurídico ambiental de México es bastante denso; contamos con muchas normas y leyes para regular el sector ambiental. Sin embargo, uno de los principales retos que enfrenta el país es la territorialización de este marco jurídico; es decir, bajar de las iniciativas plasmadas en papel a los territorios, a los estados, a los municipios, a los ecosistemas, que es donde se debe aplicar la justicia ambiental. Esto se refleja en la incongruencia entre lo que se dice, lo que (no) se hace y lo (no) que sucede. Lo vemos cuando el gobierno emite un comunicado oficial en el que dicen: “Se va a apoyar más al campesino”, diciendo que es una prioridad para el gobierno apoyar al campo, porque es un pilar y sustento de las familias mexicanas; o cuando dicen que es una prioridad atender el problema de la contaminación, mientras se siguen otorgando concesiones a empresas privadas responsables de grandes daños ambientales, y no vemos cambios. ¿A qué voy con todo esto? A que el sector ambiental debe trabajar arduamente en MATERIALIZAR sus políticas públicas ambientales, en instrumentar mecanismos para poner en marcha y aplicar esas iniciativas, hacerlas valer para garantizar la seguridad ambiental.

Y ahora, aplicado a los Proyectos Prioritarios, tenemos que el Tren Maya no es un proyecto sostenible, como se comentó en la sesión. ¿Por qué no es sostenible? Porque, de acuerdo con los tres pilares del modelo de desarrollo sostenible: ambiente, sociedad y economía, el proyecto no cumple con satisfacer los tres en la misma medida, sino que, como de costumbre, se inclina más por la economía, beneficiando consecuentemente a las personas, y buscando paliativos para enmendar el estrago ambiental que representa. Aunque ya existan derechos de vía que se van a utilizar para el proyecto, todavía queda mucho por construir, para lo cual se van a fragmentar los ecosistemas más valiosos que tiene México. Además, eso pone en peligro a las poblaciones de varias especies, como el jaguar, una especie tan emblemática y tan amenazada por tantas causas, a las cuales, se suma la perturbación por esta construcción. Y eso sin mencionar que el Tren correrá a base de diesel. Y lo que ha hecho el gobierno podría resumirse en un: “Ay, sí vamos a causar varios daños ambientales, pero ‘se compensa’ con la derrama económica que va a generar el proyecto, y con todo el reforzamiento al turismo. Y sobre la vida silvestre, no pasa nada; pondremos pasos de fauna y ya, hombre, para que crucen los animalitos sin ser atropellados”; como si eso arreglara todo. Y podemos seguir hablando hasta el cansancio de daños ambientales, pero el proyecto también enfrenta riesgos en su construcción, por el tipo de suelo sobre el que va a pasar. En esa región del país, hay cuerpos de agua subterráneos, lo que vulnera la seguridad de la obra ante riesgos de hundimientos e inundaciones. ¿Y sabes qué es lo peor? Que ni siquiera se ha presentado la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto, que es un documento presentado ante la SEMARNAT. Una MIA es un “…estudio técnico-científico que indica los efectos que puede ocasionar una obra o actividad sobre el medio ambiente, y señala las medidas preventivas que podrían minimizar dichos efectos negativos producidos por la ejecución de las obras o actividades” (PROFEPA, 2019). Ya desde ahí, el proyecto incurre en ilegalidad, pues el Ejecutivo Federal ya ha dado el “banderazo de inicio”, sin presentar el documento previamente.

¿En qué estará pensando el gobierno? Yo me pregunto por el concepto de “desarrollo” que manejan de manera general y, en específico, para sus programas y proyectos prioritarios. Yo, muy en lo personal, considero que, en el año 2020, no podemos hablar de un desarrollo que no sea sostenible, que permita un crecimiento económico que genere bienestar social y garantice la salud ambiental. Y además, si tanto se habla de “saldar la deuda que se tiene con el Sureste del país”, primero que se escuche lo que el pueblo tiene que decir, se dialogue y se generen acuerdos; que no se imponga una visión sin soberanía o respeto a la autonomía y la libre determinación de los pueblos. Considero que, dadas las condiciones geográficas, biológicas y culturales de esa región del país, no se puede pretender imponer el modelo de desarrollo del norte. El capital natural del país debe aprovecharse mediante esquemas programas de manejo y de aprovechamiento sustentable y sostenible, dentro del mismo territorio, para generar bienestar, no desperdiciarse y dejarse de lado para abrirle las puertas al antropocentrismo y la globalización. Y viéndolo a futuro, se comentó que una de las consecuencias socioambientales del proyecto será el fomento a nuevos asentamientos humanos irregulares, que se verán atraídos por la actividad económica potencial que se podrá generar en las inmediaciones de las estaciones a lo largo del recorrido del Tren. Entonces, ¿es realmente este un proyecto integral y sostenible?

Y por otro lado, está la construcción de la nueva Refinería “Dos Bocas”, en el estado de Tabasco. México tiene muchos yacimientos de petróleo en su subsuelo; especialmente, en la región del Golfo de México. Sin embargo, no cuenta con la infraestructura suficiente para refinar los hidrocarburos que yacen en el subsuelo. Es decir, el crudo que extraen las plataformas del subsuelo no puede vertirse en los automóviles o en otras máquinas para usarse así como sale, sino que debe atravesar una serie de procesos para su uso, y México no cuenta, actualmente, con la capacidad para hacer eso. En consecuencia, se tiene que exportar el crudo, para luego importar la gasolina ya refinada. Lo que busca este proyecto es “…lograr, en el mediano plazo, la autosuficiencia en la producción de gasolinas, de diésel y, de esta manera, ofrecer mejores precios de estos combustibles a los consumidores”. Yo personalmente, pienso que es una iniciativa noble, y bastante acertada PARA EL SIGLO PASADO. Y aquí volvemos a caer en la incongruencia de que México quiere ser sostenible, que quiere cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre los cuales se encuentra el #7: Energía asequible y no contaminante, aprovechar su potencial para producir energías limpias, con fuentes renovables, pero no. En sus proyectos prioritarios, están este de Dos Bocas, la rehabilitación de las otras seis refinerías ya existentes, el Plan Nacional de Gas y Petróleo y el Plan Nacional de Energía Eléctrica (construcción, instalación y acciones de mantenimiento de centrales de generación eléctrica), pero no se figura, dentro de la lista, ninguna iniciativa a favor de la transición energética; ¿por qué será? Me atrevería a decir que se debe a que la visión del gobierno federal es anticuada, y sigue dejando el desarrollo económico en manos del petróleo, un recurso finito, no renovable y, sobre todo, no sostenible. Parece que las fuentes no renovables de energía seguirán dominando el sector energético de México por otro rato, pero esto debe cambiar. Mira nada más la siguiente figura y lo que dice abajo de la fuente.

Participación por energético en las importaciones y exportaciones totales, 2016. Recuperado del Balance Nacional de Energía, 2017 (SENER, 2018).

Concluimos que las propuestas de desarrollo sostenible que vienen “de abajo” no son escuchadas por luchas de egos y conflictos de interés, que los programas, proyectos y otras iniciativas deben apegarse a la ley, en primer lugar, y ser congruentes con los acuerdos internacionales ratificados; asegurarse de ofrecer una verdadera calidad de vida para la mayor porción de la población posible, creando empleos permanentes, no sólo temporales, y con estrategias para mantener al mínimo costos y riesgos.

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Un abrazo a la distancia.