Coyote Verde

PATRIMONIO BIOCULTURAL: Tradición, naturaleza y herencia en riesgo

Jonathan Fletes

7/Cotubre/2020

Aunque no hay cosa más valiosa para un pueblo que su patrimonio biocultural, en pleno siglo XXI, este suele verse continuamente amenazado por distintos factores que pueden llevar a su pérdida.

¿Qué es el patrimonio biocultural? Empecemos por analizar cada una de sus partes:

El patrimonio, en primer lugar, como te lo describen en los bancos y como lo entienden los economistas, es, de manera general, el conjunto de recursos, bienes y derechos de un individuo o entidad, susceptible de valuación económica, que le permiten cumplir con una serie de objetivos y que puede ser heredado o cedido.
Hay diferentes tipos de patrimonio; quizás habrás escuchado, alguna vez, que la UNESCO ha nombrado patrimonio cultural inmaterial de la humanidad la música mariachi o la gastronomía mexicana, por citar un par de ejemplos. Pues el patrimonio biocultural, lógicamente, comparte elementos con lo que sería el patrimonio natural y el patrimonio cultural.

El patrimonio natural se refiere a la biodiversidad y los recursos naturales, en general; incluye fenómenos naturales notables, entornos naturales importantes, etc. Pueden ser monumentos naturales, formaciones geológicas que alberguen especies animales o vegetales o zonas naturales de alto valor para la ciencia y que, por tanto, sea importante conservar.

El patrimonio cultural es un poco más complejo, porque, para empezar, ¿cómo definimos la cultura? ¿hasta dónde abarca el concepto? Es decir, ¿qué sigue siendo cultura y hasta dónde deja de serlo? Y ¿la entendemos como algo tangible o intangible? Pero bueno, este tipo de patrimonio puede entenderse tanto en el sentido material, como un producto tangible, o en el sentido inmaterial, cuando se trata de “…usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas” (UNESCO, s.f., p. 134). Entonces, pueden ser patrimonio cultural los monumentos, obras arquitectónicas, pinturas monumentales, grupos de construcciones, lugares, así como las tradiciones y las expresiones orales, los rituales, las festividades, entre muchas otras posibilidades.

Y finalmente, en lo que respecta al patrimonio biocultural, luego de haber revisado los conceptos previos, podemos entenderlo como una mezcla de todo lo anterior. Se entiende como la compleja relación entre la cultura de una comunidad o grupo, su medio ambiente y el territorio que ocupan y del que disfrutan. Esto es, se refiere al conocimiento que un grupo, comunidad o civilización tiene de su medio ambiente, de sus recursos naturales; a los usos que se le da a todos ellos, y a los procesos que resultan de esta interacción y que toman lugar dentro de un territorio particular. Este patrimonio es heredable, lo que implica que se ha ido formando y legando entre generaciones.

Es importante reconocer que las sociedades se han ido construyendo y han evolucionado en estrecha relación con la naturaleza. El ser humano interactúa con su entorno ya desde que respira, intercambiando oxígeno por dióxido de carbono que exhala con cada respiro. Pero, de manera más observable, desde que descubrió el fuego, comenzó a cazar y, más tarde, cuando comenzó a practicar la agricultura y se desarrollaron los primeros asentamientos humanos. Ya desde entonces estableció una relación con la naturaleza, que fue cambiando conforme se desarrollaron las diferentes civilizaciones. Aprendieron a domesticar especies silvestres de plantas y animales, que usaban para alimentarse, para fabricar utensilios y canastos, para generar calor, etc. Pero muchas civilizaciones también tomaron diferentes usos de su biodiversidad; tan sólo en México, podemos ver el culto al jaguar o al venado, que, hasta la fecha, se manifiesta en distintas danzas, rituales, artesanías y vestimentas.

¿Pero qué crees? Todo suena muy bonito, ¿no es así?, pero el problema viene con todo este rollo de la globalización. Gracias al avance de la tecnología, es más fácil “difundir y compartir” la información; sin embargo, este fenómeno también da pie a otros procesos, como la “…imposición de los valores y la cosmovisión de la cultura occidental a los pueblos colonizados” (Vargas-Hernández, 2009, p. 3). Es decir, que, a partir de la globalización, se da un proceso de colonización cultural, en el que las ideologías de las principales potencias se esparcen por el mundo, ejerciendo un “control simbólico del conocimiento” (Germán, 2015, p. 3). Como consecuencia, como lo señala Vargas-Hernández (2009), se devalúa la autoestima de los pueblos, se crea un sentido de dependencia y se debilita y vulnera la cultura de los pueblos.

Entonces, donde antes veíamos una comunidad usando huipiles y huaraches, ahora vemos tenis Nike, ropa de Ferrioni y Motorola’s. Los jóvenes que aprendían los oficios de sus padres y abuelos, ahora emigran a las zonas urbanas a estudiar administración de empresas o alguna ingeniería, sin regresar a sus pueblos de origen, con lo que las comunidades pierden progresivamente su valor cultural, hasta que no queda a quién heredar sus propiedades y terminan vendiendo, por tres pesos, sus terrenos, donde, al poco tiempo, empezamos a ver Starbucks, DQ’s o McDonald’s. Y mira, que, por un lado, no está mal que las empresas crezcan y prosperen, pero esto se debe dar sin transgredir o vulnerar la soberanía de los pueblos y su cultura, sin alterar el balance en los ecosistemas y sin amenazar a un pueblo con borrarlo del mapa o alterar su paisaje radicalmente. Pero, lamentablemente, eso es lo que pasa en muchos lugares hoy en día, y seguirá ocurriendo conforme las ciudades sigan creciendo.

Así que la única recomendación que yo puedo darte es que contribuyamos a revalorar la labor del campesinado, que prefieras alternativas sustentables, productos elaborados por comunidades indígenas, que visites y conozcas sus comunidades y las áreas naturales que habitan, que te familiarices con sus usos y costumbres, que no les regatees sus mercancías, que invites a tus conocidos a visitarlos también, que compartas sus proyectos en tus redes para dar visibilidad a sus cooperativas y sus iniciativas para vivir en armonía con la naturaleza. Recuerda, que así como tú, a lo mejor, valoras tus posesiones, ellos también valoran sus ecosistemas, su cultura y su territorio, pero ellos pueden perderlo en poco tiempo si no reconocemos, valoramos y conservamos ese patrimonio biocultural.

Sin más, te agradezco sinceramente por tu lectura y me despido, deseándote un excelente día.


Referencias
Germán, G. (16 de octubre, 2015). La colonización cultural. Disponible en: [https://www.lavoz.com.ar/opinion/la-colonizacion-cultural]
UNESCO. (s.f.). Indicadores UNESCO de cultura para el desarrollo. Manual Metodológico. Disponible en: [https://es.unesco.org/creativity/sites/creativity/files/digital-library/cdis/Patrimonio.pdf]
Vargas-Hernández, J.G. (2009). Ideología, cultura política, identidad cultural y ciudadanía global. XXVII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología. VIII Jornadas de Sociología de la Universidad de Buenos Aires. Asociación Latinoamericana de Sociología, Buenos Aires. Disponible en: [http://cdsa.aacademica.org/000-062/236.pdf]