Póster fanmade de Midsommar / Imagen: penumbria.mx

Cine, Entretenimiento

Midsommar, el horror folklórico

Fernando Roura

28 de Abril de 2021

“Midsommar” podría posicionarse entre el cine de Yorgos Lanthimos, con quien Aster guarda más de una similitud, y el trabajo cómicamente explícito del guionista Kevin Smith.

Dani (Florence Pugh) está pasando por un momento familiar complicado; las constantes desapariciones y llamadas de atención de su hermana no hacen más que presagiar la inminente tragedia. Ella decide apoyarse en su novio Christian (Jack Reynor), con miedo a que este pueda cansarse de aguantarla y así parece ser, pues el apoyo que este le ofrece es sencillamente ridículo. Cuando el fatal desenlace acontece, el duelo y la ansiedad más invasiva se apoderan completamente de Dani. En un desesperado intento de ponerle a la relación el mayor de los parches, Christian la invita a viajar junto a él y sus amigos (Will Poulter, William Jackson Harper y Vilhelm Blomgren) a un festival organizado por una pequeña comunidad sueca; dicho festival se celebra cada 90 años, en honor al solsticio de verano. Lo que ocurrirá a continuación les sorprenderá; o no.

Estamos ante un trabajo peligroso. Es magnífico, pero no soy capaz de imaginarme recomendándolo. Si “Hereditary” no fue para todos los públicos, “Midsommar” es, desde luego, aún más inaccesible, pues juega varias cartas que, pese a ser su principal ventaja, pueden apartar de un puñetazo a aquel que no sea capaz de entrar en su juego. Su prólogo es mucho más cercano en construcción, estética e intenciones a la primera película de Aster y encantará a los que la disfrutaron, pero cuando pasamos los créditos es cuando de verdad empieza el juego; en el más literal de los sentidos, pues “Midsommar” es un juego constante.

Con las expectativas de un espectador que, acostumbrado a la construcción de esta clase de cintas de terror, y sabiendo cómo va el cine de culto pagano, se intentará siempre avanzar en los acontecimientos; así es como Aster nos hace partícipes íntegros de su fiesta personal. Cuando la película se ríe de sus personajes, incapaces de dar con la clave de qué está pasando en esta dimensión enrarecida de terror invisible y sonriente, nos encontramos a nosotros mismos dando las mismas vueltas en la oscuridad. Un gran acierto de la película es como juega con lo impredecible del lugar común. La imposibilidad de saber cómo y cuándo aquello va a estallar, sólo saber que lo va a hacer, y que no va a ser bonito, es lo que fija las miradas en la pantalla.

Florence Pugh. / Imagen de IMDB


El concepto del terror diurno no es una novedad, pero sí un caramelo suculento a la hora de atraernos a verla; sin embargo, me parece mucho más interesante retomar cómo la película juega con la invisibilidad tóxica de este terror. Aster sigue tratando el terror como concepto incorpóreo, una enfermedad que no aparece en las pruebas.

Escena de la película. / Fuente: IMDB


“Midsommar” se mueve más en el terreno del horror que del terror, te hará sentir sucio por el mero hecho de ser un obervador de la barbarie. Provoca un malestar intestinal que aumenta a medida que lo hace la carga de desasosiego de nuestros protagonistas, mismos que además estarán también en un estado mental cada vez más alterado, por las circunstancias y las características psicotrópicas de la celebración. Lo que puede resultar sorprendente es cómo Aster ha decidido jugar la carta más arriesgada de una forma tan propia.

Escena de la película. / Fuente: IMDB


Aster no abandona el mismo tipo de construcción cerebral que trabaja anteriormente, apoyado en una brillante y bien cimentada intérprete como Florence Pugh. Radiografiando el trastorno de ansiedad con unos niveles de veracidad abrumadores, será a veces el hilo conductor del trauma. Pese a que hay mucha decisión camuflada en aparente capricho, todo forma parte no solo de la gigantesca gamberrada que es la película en sí misma, sino de una construcción tan detallista como lo era el culto que azotó a los Graham.

Y es que, como en una especie de capricho genético, ambas películas podrían ser hermanas gemelas, sin parecerse entre sí. Comparten gran parte de su génesis y una interpretación protagonista femenina digna del reconocimiento del Oscar; pero éstas están envueltas en distintos roles, como suele suceder en estos casos y en un debut único, es lógico que Aster haya querido romper con la imagen hermética que hemos creado a su alrededor. “Hereditary” sigue siendo la mejor y la peor baza de “Midsommar” y las comparaciones, aunque inevitables, también son odiosas; pese a todo, este núcleo estilístico del que gozan ambas son la base del éxito de las cintas y de Aster.

Si algo está claro, es que este será un trabajo condenado eternamente a la comparación, ya sea con su predecesora o con la cinta “The Wicker Man”. Contamos de nuevo con una multi-referencialidad sin disimulo que la hace más rica de lo que muchos pre juzgarán, porque así como “Hereditary” fue llamada a ser el nuevo “El Exorcista”, “Midsommar” podría ser la nueva “Masacre de Texas”.