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Nacional, Política

Los enemigos del Sultán

Tess Vázquez

29/Marzo/2021

Declaraciones de nuestro presidente hacen ver que las ideas diferentes ya no tienen espacio en este gobierno.

A través de nuestra historia, México ha tenido gobernantes de casi todos los partidos existentes, campechaneando así ideologías, proyectos de políticas públicas, estilos de discursos y sinergias entre poderes. Sin embargo, si algo nos dejó perfectamente claro el difunto Plutarco Elías Calles, es que lo peor que nos podría ocurrir es unir en una sola persona la identidad de un partido y el gobierno en todas sus ramas en una sola persona. México ya no puede darse el lujo de autoritarismos disfrazados de líderes carismáticos con políticas populistas, más el poder tener gobernantes a la altura debemos luchar desde nuestras trincheras personales. Si algo nos enseñaron las últimas semanas es que si el Poder Judicial y el INE pudieron hacer frente al gobierno actual, nosotros deberíamos hacerlo.

Juan Pablo Gómez Fierro, Juez de Distrito en Materia de Competencia Económica, Radiodifusión y Telecomunicaciones, se ganó el “odio” de nuestro presidente al ponerle freno a la nueva Ley de la Industria Energética mediante la concesión de amparos a aquellos que lo solicitaron, en su mayoría industrias que se dedicaron a la exploración de energías verdes o aquellas que se vieron afectadas por el favoritismo a Pemex que implicaba la reforma. Desafortunadamente, no es el único funcionario que ha sido condenado con declaraciones similares.

La semana pasada también vivimos cómo se condenó al INE por negar la candidatura de Félix Salgado Macedonio tras las múltiples denuncias por abuso sexual. Incluso podemos recordar cómo nuestro presidente respondió a los movimientos feministas que lo reclamaban con su “ya chole”.

A lo largo de la trayectoria política del hoy presidente López Obrador, ha mostrado su rechazo sin pelos en la lengua a aquellos que han osado a ir contra lo que él considera correcto. Su famosa frase de “cállate, chachalaca” y sus señalamientos sobre aquellos opositores como “mafia del poder”, “tecnócratas”, “neoliberales” más allá de generar un valor agregado al discurso, buscan desacreditar a cualquiera que se encuentre en el lado opuesto de sus creencias.

Esto podría considerarse como parte de la dinámica de un diálogo abierto en una democracia, pero resulta sumamente preocupante cuando estas declaraciones sirven de catalizadores para censurar puntos de vista distintos, muy al estilo de los totalitarios que hemos conocido a lo largo de la historia. Más allá de la censura, estas declaraciones implican un atentado fortísimo contra los pilares fundacionales de un estado democrático, sobre todo cuando se busca influir en los criterios aplicables por el Poder Judicial o las decisiones de Organismos Constitucionalmente Autónomos (OCAs).

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Fuente: Nación 321
Nota: recordemos que el PVEM se unió a la coalición Juntos Haremos Historia ya comenzado el sexenio

Los principios que forman nuestro país se encuentran incorporados en nuestra Constitución siendo uno de ellos, y quizás el más importante, la división de poderes consagrado en el artículo 49 que nos dice lo siguiente “El Supremo Poder de la Federación se divide para su ejercicio en Legislativo, Ejecutivo y Judicial. No podrán reunirse dos o más de estos Poderes en una sola persona o corporación, ni depositarse el Legislativo en un individuo, salvo el caso de facultades extraordinarias al Ejecutivo de la Unión […]”. ¿Por qué resalto este pasaje en específico? Analicemos un poco el contexto actual comenzando por el poder legislativo. El poder legislativo conformado por las dos Cámaras (Diputados y Senadores), se encuentra conformado por 628 legisladores en su conjunto, de los cuales 312 se son de Morena (251 diputados y 61 senadores) y aunado a estos en la llamada coalición “Juntos Haremos Historia” se le suman otros 100 (17 por senadores y 83 por diputados integrantes de los partidos PT, PES y PVEM).
La conformación del legislativo si bien refleja el voto popular, también resulta preocupante. Recordemos que nuestro país tiene una larga tradición de la llamada disciplina partidista, de esta forma los legisladores se alinean, la mayor parte del tiempo, a las decisiones del partido en su conjunto y éstas, rara vez, son opuestas a lo que quiera el Ejecutivo en turno. Sea cual sea el color del partido en el gobierno, SIEMPRE va a ser preocupante que un partido o alianza cuente con mayorías tan aplastantes en cámaras ya que no existirá un sistema de contrapesos a la ideología del momento (normalmente encabezada por el Ejecutivo). De tal suerte que en el mejor escenario posible si se facilitaría el paso de iniciativas por parte de los legisladores en un tiempo menor, pero el problema deriva del contenido de dichas iniciativas.
Por ejemplo, este sexenio comenzó dando un golpe devastador a la llamada Reforma Energética de Peña Nieto que nos daría la entrada a un sistema más moderno y sobre todo LIMPIO que nos ayudara a acercarnos un poco más hacia los compromisos internacionales que México asumió en torno a la Agenda 2030. Al ser una “política neoliberal” el Ejecutivo decidió dar marcha atrás y apostar por métodos muy similares a los años 80 de la industria eléctrica reviviendo al colapsado Pemex y la industria carbonera, cosa que el Legislativo, afín a sus ideas, concedió. Así se frenaron permisos a esas empresas que buscaban hacer las cosas distintas con la investigación y desarrollo de tecnología más verde y se favoreció a Pemex. ¿Qué impacto tuvo esto? Según declaraciones de la COFECE, hemos roto la posibilidad de cumplir con la meta de un país con energías más limpias quedando mal ante nuestros pares internacionales y obviamente, fallandole a la ciudadanía al no proveer de un medio ambiente más sano. ¿Existe oposición en el Congreso? En teoría sí, pero nada pueden hacer al ser aplastados por números y siendo realistas, tampoco existe un plan de ataque de su parte que logre convencer lo suficiente a aquellos ciudadanos a los que los partidos de siempre les quedaron mal por años.

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Imagen tomada del blog de Monsieur de Villeforte

Ahora abordemos el tema del Poder Judicial. Al no existir un contrapeso a los deseos de AMLO desde el Legislativo, los jueces cobran especial relevancia. Como ya vimos en la Constitución y también nos enseñaron los mismísimos Federalistas, en el ensayo número 78 “[…]Quien considere con atención los distintos departamentos del poder, percibirá que en un gobierno en que se encuentren separados, el judicial, debido a la naturaleza de sus funciones, será siempre el menos peligroso para los derechos políticos de la Constitución, porque su situación le permitirá estorbarlos o perjudicarlos en menor grado que los otros poderes. […]” Este “estorbo” al que se refieren es mejor conocido en la jerga jurídica como los “medios de control constitucionales” destinados a justamente hacer valer el Estado de Derecho frente a cualquier persona, sin importar la orientación política. Por esta razón, el trabajo del Juez Gómez Fierro es de admirarse pues hizo frente a una decisión que muchos asumieron como inamovible.

Gracias a que existe separación de poderes, a lo largo de la historia hemos encontrado decisiones que rompen con el status quo. El Poder Judicial a nivel mundial nos ha dado resultados como la legalización del aborto, integración del sistema internacional de Derechos Humano, fin de la segregación racial, entre otros. Si bien en nuestro país el acceso a justicia por medio de amparos, controversias constitucionales y acciones de inconstitucionalidad aún distan mucho de ser universales para las personas promedio, creo que son mecanismos dignos de proteger al ser nuestra única arma frente al poder de un totalitario en potencia. Hablemos del peor escenario posible, aquellos que eran comunes en América Latina hace unas décadas, donde el Legislativo se hacía cómplice de líderes que, desde el Ejecutivo, promovían fuertes políticas públicas de persecución a los opositores. En esos momentos es cuando uno valora al Poder Judicial pues sirve como un muro protector frente a los caprichos de personas que a veces pierden el juicio en posiciones de poder. Es cierto que NO es perfecto, pero al menos nos ha ayudado a poder dar bases equitativas a personas que no han sido favorecidas por el poder. Casos célebres de este tipo han abundado en la historia mexicana y aún falta mucho por hacer. La decisión de Gómez Fierro le proporcionó a la industria de energías limpias una bocanada de aire fresco cuando pensaban que su caso estaba perdido, pero esa misma decisión puede que traiga graves repercusiones hacia un juez que SOLO HACÍA SU TRABAJO.

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Imagen de cuartopoder.es

Posterior a la concesión de amparos por parte de Gómez Fierro a los solicitantes, López Obrador emitió una declaración que fue sumamente rechazada por la comunidad jurídica. En ella, Obrador rechaza categóricamente la decisión, tachando al Juez de ser vasallo de los intereses neoliberales y que debería ser sujeto a investigación por parte del Consejo de la Judicatura. Muchos tomarían esto como algo no alarmante; sin embargo, resulta preocupante pues el procedimiento de investigación separaría por un tiempo a Gómez Fierro del cargo, mientras se resuelve la investigación, generando así una afectación a la carrera del Juez y a los miles de casos que esperan respuesta en su oficina. Pareciera ser que esta reacción del Ejecutivo resulta similar a un minucioso examen de desempeño cuando las cosas no resultaron a su favor. Asumiendo en el mejor de los casos que nuestro presidente sólo estaba preocupado por mejorar el sistema de impartición de justicia, me pregunto si este micromanagement se le hará a todas las decisiones de otros jueces sobre cualquier materia y no sólo a aquellos asuntos que tienen que ver con su agenda personal.

Es cierto que como sociedad civil tenemos un poco las manos atadas frente a una batalla de titanes como lo pueden ser el Ejecutivo y el Poder Judicial. Sin embargo, queda en nosotros poner en una balanza las decisiones que tomaremos al momento de decidir quién va a representarnos. Todos los régimenes totalitarios a lo largo de la historia se han caracterizado por la captación de los Poderes de la Unión en una sola persona; todos han buscado reducir a las voces opositoras ya sea con medios institucionales o mediante la violencia; en su mayoría, han comenzado con líderes carismáticos que luego se salen de control. No estoy diciendo que necesariamente este sea el camino de la 4T, pero si debemos de ser esa ciudadanía escrutadora que ve las señales antes de la tempestad. Está en nuestras manos defender aquellas instituciones que limitan el poderío de nuestros representantes, como los son el Poder Judicial y los OCAs. ¿Cómo hacemos esto? Primeramente, superando nuestra aversión a lo político. Dejar de asumir que todo es un cochinero y que no podemos hacer nada porque SÍ podemos. Informarse y no repetir discursos vanos, preocuparse por quién votamos, participar en nuestras asambleas vecinales, promover proyectos colectivos, señalar errores en gobierno (el poder que sea), proponer cursos de acción desde lo local, todas esas pequeñas acciones tienen relevancia y son las que se necesitan para conformar un mejor país.