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Pañuelo verde bordado / Foto: Facebook Punto Lore

Cultura

Lo personal es político, y el bordado también: el arte textil feminista de Punto Lore

Brenda Ileana Uribe

05/Marzo/2021

Una de las consignas feministas más poderosas para la reflexión es saber que lo personal es político. Con esto, la historiadora y artista Lorena Flores planta su lucha en la cotidianidad de su vida: la ropa, los textiles y el bordado, como posición política de cara al sistema patriarcal.

Desde hace miles de años, la técnica del bordado ha estado presente en la vida de las sociedades, y, principalmente, en la vida femenina. Cuando pensamos en un bordado, podemos imaginarnos flores o motivos que adornan pedazos de telas o ropa; sin embargo, la práctica del bordado tiene una connotación más amplia, e incluso política, pues se asocia históricamente a las mujeres, y ha sido relegada al ámbito de lo privado.

Se tiene conocimiento de esta técnica desde 1300 a.C., año que data el objeto bordado más antiguo del que se sabe, y pertenece a la civilización egipcia; asimismo, la civilización Inca también hizo uso del bordado. Por su parte, la comercialización y expansión de las rutas de la seda por Asia central creó un escenario idóneo para la extensión del bordado, logrando así que, mediante esta práctica ancestral, se retrataran episodios históricos y textiles religiosos. En las civilizaciones mesoamericanas, el bordado ya no era únicamente un ornamento, sino que también se contaban historias a través de ellos, convirtiéndose así en un símbolo de identidad, y que se podía transmitir de generación en generación.

El bordado se liga principalmente a las mujeres, y a lo largo del tiempo se ha traducido en una actividad doméstica y que se hace por pasatiempo. Esto no es necesariamente verdad, pues en la actualidad, y desde aproximadamente una década, el bordado ha retomado fuerza no solo como símbolo de identidad de una comunidad, sino como un lenguaje y un posicionamiento político.

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Ya no nos callamos más / Foto: Facebook Punto Lore

Lorena Flores es una mujer fuerte y empoderada, es historiadora y fundadora de la marca upcycling Punto Lore. Ella representa sus ideas a través de los textiles, pues considera que la ropa y los accesorios pueden funcionar como una protesta y una posición política. Su proyecto se rige por ideas ecologistas y feministas, pues al tomar una postura, pretende dar cuenta de las injusticias que el sistema patriarcal somete a las mujeres. En palabras de la artista, su trabajo es su "forma de seguir creando y exponiendo nuestras posturas políticas, pensares y sentires”.

Flores tiene una amplia trayectoria en el bordado feminista. Sus piezas se han exhibido en exposiciones virtuales como “Morras chidas rotulando”; y actualmente cuenta con una muestra virtual, que es el resultado del taller ¡Ya no nos callamos más!, que ella misma impartió, de manera remota, en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Asimismo, en los próximos días dará inicio su taller especial en la UVA Tlatelolco Historias bordadas: taller de escritura textil, en el que, además de aprender diferentes técnicas, se pretende “analizar el bordado y las prácticas textiles contemporáneas como un medio de expresión y de escritura pública, que enuncia problemáticas sociales y al mismo tiempo forma parte de un registro de la memoria personal o colectiva”.

Para la artista textil, el bordado se ha convertido en un lenguaje y un medio de expresión que ha potenciado la toma de espacios públicos, la visibilidad del movimiento feminista en redes sociales, y la creación de comunidades solidarias, sororas y que crean memorias con puntadas e hilos. De esta manera, el bordado feminista comprende la reflexión sobre las estructuras de dominación ejercidas de manera sistémica hacia las mujeres y otros grupos discriminados; así como la reivindicación y resignificación del bordado, para entenderlo ya no como un hobbie o algo meramente doméstico, sino como una práctica artística que se acciona y se entiende en la cotidianidad.

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El barrio será feminista / Foto: instagram @punto.lore

El bordado como práctica identitaria refleja las condiciones sociales, culturales, económicas y políticas de una comunidad, pero también puede relatar cosmovisiones del grupo, como los textiles precolombinos. De esta manera, sería natural pensar en el bordado como postura política, en la medida en que no solo se comunican saberes y técnicas, sino que, igualmente, se comparte el lugar que se tiene en el mundo, para así accionar sobre él.

El bordado feminista ha sido utilizado en movimientos políticos de mujeres, como actualmente lo vemos en las redes sociales, y como lo hicieron las sufragistas en Reino Unido. Esta actividad textil también reconstruye el devenir feminista, de manera que, al reconocerse como cuerpos femeninos y feminizados dentro de un contexto patriarcal, se lanzan críticas y denuncias respecto a lo doméstico, el arte y, por supuesto, a lo femenino.

Así como Lorena Flores, otras miles de mujeres recurren al bordado como una práctica identitaria, política y económica, pues hay quienes a partir de las ventas de sus piezas artesanales apoyan y/o sostienen la economía familiar.

A través del bordado, se cuestionan prácticas socioculturales y se puede hablar de la importancia de los derechos humanos. Asimismo, como elemento artístico, también resalta la reflexión sobre los límites del arte y su interacción con las comunidades. Pero aún más importante, esta técnica textil nos permite visibilizar la actividad y el papel que históricamente han desarrollado las mujeres en nuestras sociedades, y así poder deconstruirla y resignificarla con perspectiva de género, y desde el respeto y la equidad.
Las redes sociales de la artista textil Lorena Flores son públicas, y cualquier persona puede visualizar sus creaciones: en Facebook como “Punto Lore”, e Instagram @punto.lore .

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Somos la dignidad rebelde / Foto: Facebook Punto Lore