Banner de la película. / Imagen de Cine Actual

Cine, Entretenimiento, Cultura

Lighthouse, sudor de hombre, alcohol y testosterona

Fernando Roura

21 de Abril de 2021

Retrata la naturaleza más atávica y salvaje de la masculinidad. Un apasionante duelo, ver quién la tiene más grande, de dos personajes encarnados en dos talentosos actores: Willem Dafoe y Robert Pattinson.

Corre el año 1890 y en una remota isla de Nueva Inglaterra dos fareros, uno veterano (Dafoe) y su recién llegado ayudante (Pattinson), han de pasar 4 semanas aislados. Desde el mismo momento en que se conocen surgen las tensiones, que no harán más que crecer con el paso de los días. La soledad, el alcohol y los secretos irán enriqueciendo la atmósfera en una espiral de destrucción y competencia.

Si asumir la naturaleza mágica de su condición femenina elevaba al Olimpo a la protagonista de The witch, la masculinidad de los personajes de The lighthouse y su forma salvaje de marcar el territorio se antoja improductiva y agotadora. Llega al espectador como una sucesión de momentos reiterativos, que transmiten una sensación intencionadamente lineal, de poca evolución de los personajes, a lo largo de su extenso metraje, es como un pensamiento cíclico en una noche de fiebre… agobiante pero imposible de soltar, como ver una y otra vez a dos ciervos chocar estrepitosamente sus cornamentas.

Dafoe y Pattinson. / Imagen de IMDB

Eggers opta en esta ocasión por el blanco y negro, con formato cuadrado, que recuerda a los clásicos del expresionismo y al cuidado encuadre de Dreyer. Una estética sin duda que ayuda a enfatizar el aislamiento. Esta colocación de los personajes en un marco tan cerrado transforma la pantalla en la platina de un microscopio donde contemplamos cómo fermenta la crispación.

Escena de la película. / Fuente: IMDB

Pero sin duda el mayor valor de la cinta de Eggers radica en la desbordante actuación de su pareja protagonista. No caben adjetivos en una reseña que sean suficientes para aplaudir lo que hacen estos dos actores. Alcanzan los registros más altos sin miedo a caer en el histrionismo con la seguridad de la que sólo son capaces los grandes. De Dafoe no hay queja.

Pero para aquellos que aún no perdonan a Pattinson ser un vampiro que brilla como una lentejuela de un vestido de Primark, decirles que sus actuaciones posteriores a Crepúsculo han ido perfilando un artista solvente, inteligente y talentoso, que no hace más que crecer título a título. Ambos intérpretes intercalan diálogos ingeniosos y nada fáciles. Ambos, como si de un texto teatral se tratara, tienen sendos monólogos con los que callar la boca de su contrario, tan deslumbrantes que, como en el teatro cuando contemplamos un buen soliloquio, no se puede reprimir el estallar en aplausos.

Escena de la película. / Fuente: IMDB

Los aficionados al cine de géneros oscuros, tendrían que verla avisados de que no se trata de una cinta de terror, ni de fantasía al uso. Todo lo inquietante que aparece en su tráiler responde a momentos puntuales, navega entre lo onírico y lo metafórico, que aderezan una historia que bien podría funcionar con igual acierto sin estas florituras. Aunque lo bello y gótico de su puesta en escena y los aromas a Lovecraft que pululan por sus planos serán pura miel para los amantes de la literatura de género.

El falo, perdón, el faro, se erige erecto en mitad del tempestuoso mar. Dos hombres pelean por ser los propietarios de tan enorme aparato, que gime en la niebla, como canto de sirena, atrayendo a hombres machos inseguros de ser lo suficientemente rudos para semejante trabajo.