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Banner de Life / Imagen: Youtube

Cine, Entretenimiento

Life: Alien en la vida real

Fernando Roura

09/Abril/2021

La lista de películas que recuerdan a “Alien: el octavo pasajero”, es larga y decepcionante; sin embargo, “Life” logra salir triunfante de esta categoría, apoyándose en su realismo y diseño de producción.

Un satélite trae a la estación espacial internacional una célula recogida en la superficie de Marte. El estudio de este primer espécimen extraterrestre es tan estimulante como en apariencia inocuo, pero en cuanto la célula encuentra una temperatura agradable y una generosa cantidad de oxígeno y agua, comenzará a crecer y a mostrar una naturaleza agresiva, que pondrá en peligro no sólo a los científicos que la custodian sino también al resto de la humanidad.

Uno de los mejores aciertos de “Life” es el saber gestionar los tiempos de la cinta para presentar a los personajes y su trasfondo, para que el espectador se involucre en sus destinos. Otro acierto más: el de huir de los acartonados personajes que suelen poblar estas cintas (el soldado machito, el científico irritante, el chistoso…). No es que no haya tópicos, pero el trato de los personajes es mucho más humano, cercano y veraz.

Las secuencias iniciales nos presentan la nave y sus habitantes mientras se preparan para recibir el satélite que traslada la amenazante muestra de vida. Da un comienzo dinámico pero no frenético que marcará la tónica general de la película: construir tensión por encima de la acción a raudales… algo a lo que ayuda la gravedad 0, que evita respuestas corporales rápidas, hace que el mero hecho de llegar a una escotilla antes de cerrarse aumente la emoción al realizarse.

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Escena de Life / Imagen: Los Interrogantes

Pero sí hay algo que ayuda a construir ese estado crispante de tensión son las muertes de los primeros miembros del equipo: al contrario de lo que pasa en producciones similares, los fallecimientos suceden frente al resto de los tripulantes que contemplan, impotentes, cómo la criatura crece y mata. Lo cierto es que Calvin (así bautizan al ser) va creciendo y perdiendo por el camino algo de interés, ya que su mayor tamaño evita la posibilidad de que pueda surgir de cualquier rincón para pasar al ataque frontal; pero esta bajada de tensión es mucho menos pronunciada, gracias a que el equipo humano permanece agrupado frente a la amenaza y la acción que no se fragmenta en tramas paralelas.

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Escena de Life / Imagen: Youtube

El diseño de la producción es luminoso, alejado de los pasadizos oscuros y abigarrados de la Nostromo. Tampoco Calvin permanece en penumbra y su aspecto, emparentado con la familia de los cefalópodos como mandan las modas, es mostrado sin pudor en todas las escenas; aunque es tan sofisticado, que el espectador nunca podría recrear de forma coherente su confusa anatomía. La odisea cósmica se vale de unos efectos visuales de última generación que la hacen completamente creíble.

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Escena de Life / Imagen: MrGorsky

La tripulación es otro de los fuertes de “Life”. Una estación internacional necesita un reparto a la altura y el equipo de Sanada, Ferguson, Reynolds, Bakare, Gyllenhaal y Dihovichnaya es sumamente atractivo y equilibrado en la calidad de sus interpretaciones. Destacan especialmente Rebecca Ferguson (que cada vez se crece más en pantalla) e Hiroyuki Sanada, por ser el personaje con un dibujo dramático mejor definido y rico, cosa que ayuda al actor para infundir de tridimensionalidad a su personaje.

En lo referente al terror y la violencia, decir que las muertes son grotescas y agónicas en todos los casos, incomodan visualmente; impacta ver la sangre manar y flotar en el aire, orbitando en torno a sus difuntos propietarios. La sobreexplotación de la fórmula “extraterrestre acorrala a grupo humano” atenúa mucho la sensación de miedo y susto, dando como resultado una angustiosa experiencia que, en cualquier caso, no producirá tantas pesadillas.

Su previsible pero disfrutable cierre pone broche final a un subproducto que puede alardear de ser, si no el mejor, uno de los más aventajados sucedáneos de nuestro adorado xenomorfo polizón.