Cultura

Leyendas de nativos norteamericanos: los hombres serpiente

Harim Martínez, Samanta Barbán

2/Febrero/2021

Las tribus de nativos norteamericanos que aún existen mantienen una relación estrecha con su cultura y leyendas: hoy en día compartiremos la leyenda de la tribu de los Sioux: los hombres serpiente.

Los nativos americanos se componen de numerosas bandas y tribus étnicas distintas, muchas que en la actualidad aún existen; desafortunadamente en su tiempo fueron desplazados y perseguidos, como la tribu de los Sioux.

Los Sioux resistieron ferozmente la invasión de los blancos a sus tierras, participaron en batallas estadounidenses históricas como la batalla de “Little bighorn” de 1876 y algunos de los nombres de sus jefes aún son recordados (Sitting Bull/Toro Sentado, Rain in the Face/Lluvia en la cara). También nos dejaron algunas de sus leyendas más extrañas y para las personas ofidiofóbicas (fobia a las víboras) una de las situaciones más aterradoras de sus vidas. En esta ocasión compartiremos una de sus historias.

○ Los Hombres Serpiente

Veinte guerreros volvían a su casa, luego de combatir. Iban agotados y hambrientos y esto determinó que se dispersaran en busca de alimento. Uno de los guerreros, apoyando su oído en tierra, dijo que escuchaba una manada de búfalos acercándose.

Se prepararon entonces para cazar a las bestias. Mientras la manada se acercaba rápidamente, el jefe estaba a la cabeza del grupo que haría la emboscada. Él esperó que aparecieran los primeros animales, pero su sorpresa fue mayúscula cuando descubrió que el ruido no era producto del avance de muchos búfalos; en realidad lo hacía una enorme serpiente, cuyo cascabel tenía el tamaño de la cabeza de un hombre.

El terror lo paralizó, pero finalmente logró apuntar su flecha matando al monstruo. Sus compañeros estaban tan sorprendidos y aterrorizados como él, pero como el hambre era muy fuerte finalmente decidieron cocinarla y comerla. Todos participaron del banquete menos un niño, que se negó rotundamente a comer la carne de la serpiente; a pesar de que todos aseguraban que era tan sabrosa como la del búfalo.

Después de la abundante cena, los nativos se acostaron alrededor de una fogata y se durmieron. A mitad de la noche el jefe despertó, descubriendo horrorizado que todos sus hombres se habían convertido en serpientes y que él mismo ya era mitad ofidio y mitad hombre.

El jefe reunió a sus hombres y todos se acercaron rodeando al niño que no había comido de la serpiente muerta. El pequeño se echó a llorar pensando que las serpientes lo atacaran, pero ellas lo tranquilizaron y le dieron todos sus amuletos y pertenencias. A pedido de los transformados, juntó todos los obsequios en una bolsa que depositó en la cima de una colina cercana debajo de unos árboles. Luego las serpientes le pidieron que volviera al poblado para alertar a los demás de la suerte corrida por los guerreros y el niño así lo hizo.

Antes de retirarse las serpientes dieron al niño un mensaje para sus parientes: serían visitados en el verano. Todos los parientes de los guerreros-serpiente esperaron a que se presentaran. Pasaron los meses y llegó el verano. La tribu entera se preparó para la visita de los parientes transformados. El encuentro tuvo lugar en las afueras del pueblo, allí todos se sentaron y las serpientes disfrutaron de la compañía de sus seres queridos. Ellos les habían traído sus caballos y todas sus pertenencias pero cuando llegó el invierno las serpientes desaparecieron llevando consigo sus caballos y sus posesiones y nunca más las volvieron a ver.

Fuente: Mitos y leyendas de los indios americanos. Por: R.R Ayala