Nacional, Opinión

La sociedad del orador mexicano

Ángel Enrique Dupuy

15/Octubre/2020

Las competencias de oratoria y discursos deben ser transparentes, con jueces capacitados y sin discriminar géneros. Los cambios no son de la noche a la mañana, pero aquí les presento una propuesta de cómo eliminar la narrativa antigua y, fortalecer la oratoria.

Cuando se habla de la oratoria o los discursos pensamos en personajes históricos como Adolfo López Mateos, Beatriz Paredes o José Muñoz Cota. La forma y el fondo como expresaban sus ideas y su sentir hicieron que más de una decena de personas se levantaran de sus asientos para vanagloriarnos.

No obstante, ello no significa que lo que se vio en el siglo pasado esté actualizado. El arte de la palabra va cambiando conforme el tiempo y el espacio, solo que algunas veces los organizadores de las competencias de oratoria no quieren cambiar la forma de ver la misma.

En el circuito mexicano de oradores y discursistas existen 3 problemas: discriminación por género, falta de capacitación del jurado calificador y pésima transparencia de resultados.

Los concursos, normalmente, están diseñados para que participen diversas personalidades de la palabra, más no para construir nuevas generaciones. Desde hace dos años y hasta el momento, existen diversas denuncias públicas en contra de los jueces de los concursos por no rendir cuentas y no dar ninguna retroalimentación a los participantes.

Aquí empieza la primera controversia, ¿cuál sería el siguiente paso después de que existe una denuncia ante algún jurado, organizador o participante? Sí hay pruebas en contra de dicha persona, se debe inhabilitar a la misma hasta que exista una resolución del caso. Además de crear comités de equidad o de resolución de conflictos que tengan la función de regular las formas de convivencia dentro de las competencias.

Asimismo, ha habido problemáticas, en donde la persona que hizo un buen discurso con forma pero no con argumentos, es el que gana el concurso porque habló más bonito y eso convenció a los jueces. O, en donde existe nepotismo y los jueces no son lo suficientemente objetivos como para separar la amistad del trabajo.

Segunda controversia, ¿cualquiera puede juzgar una competencia? Sí, siempre y cuando tenga capacitaciones, práctica y lea las reglas del torneo. Si estamos en un torneo de oratoria en Tepotzotlán, se debe juzgar dependiendo el reglamento que aplica para dicha competencia, no por lo que sé o lo que se cree que debe ser.

Existe una mala narrativa en México en donde a los mejores oradores se les da el nombramiento de ser jueces capacitados solo por sus trofeos. Por supuesto que hay personas que cumplen las dos consignas, es decir son muy buenos oradores y grandes jueces, pero esta narrativa, por sí misma, es una falacia de pendiente resbaladiza.

No por ser gran orador, significa que serás un gran juez. Todo lleva un trabajo, un tiempo, un fondo y una forma. Podrás ser el primer lugar en competencias nacionales, pero si no has leído las reglas para juzgar las competencias, tendrás un sesgo de selección traducido en: “pienso que esto está bien porque es la forma que yo sigo en mis discursos, por ende, la persona que haga un discurso parecido al mío, a lo que me gusta, será el ganador”.

Por otra parte, según el Instituto Nacional Demócrata, las mujeres tienen muros de partida, entrada y permanencia. El muro de partida es en donde las mujeres carecen de los conocimientos que pueden obtener los hombres dada la cultura familiar que las rodea.

El obstáculo de entrada es cuando la narrativa cultural impone los derechos y obligaciones de las mujeres y el de permanencia es cuando los hombres hacen todo lo posible para mermar las oportunidades de ellas.

En la oratoria y discursos existen estas 3 barreras y, hasta el momento, la cúpula de la oratoria mexicana no ha apoyado la paridad de género e inclusive el H. Jurado Calificador la mayoría de las veces siempre está compuesto de hombres o con solo 1 mujer de entre 10 jueces.

Tercera controversia, ¿por qué hay una disparidad entre el número de jueces hombres y mujeres? La excusa clásica es “porque no conocemos jueces preparadas para que puedan estar en un torneo de alta magnitud”, pero tampoco forman una escuela de jueces donde tanto hombres y mujeres puedan prepararse y así, eliminar el sesgo de género.

De la misma forma con los participantes, se tiene la idea de que el hombre que grita y expone menores argumentos que una mujer es el que debe ganar. ¿Dicho veredicto demuestra preparación o en realidad hay un sesgo por ser hombre en la oratoria?

Para el escritor es lo segundo y la solución que propone es de 3 pasos o los 3 “ser”:

Ser transparente y anunciar los puntajes al final de cada ronda.

Ser resiliente y aceptar errores como jurado para poder cambiar las malas prácticas.

Ser partícipe y constructor de una escuela de jueces, que vele por la paridad de género y por eliminar los muros discriminatorios.

Hoy en día, las competencias que conllevan el arte de la palabra han disminuido tanto por la pandemia de COVID-19 como por el poco apoyo que ha recibido por gobiernos locales y federales. Pero, van a desaparecer conforme pasa el tiempo, si no existe un cambio de estrategia de organización y de aceptar que en el siglo XXI es importante progresar y eliminar narrativas discriminatorias o de sesgos de selección que se han visto en varias competencias.
s nuevas generaciones, desde el por qué la importancia de poder hablar en público hasta las herramientas de persuasión, convencimiento y comunicación que obtendrán los participantes al participar en dichos torneos. El siglo XX de la oratoria nos dio herramientas políticas y prácticas, pero el siglo XXI nos dará la oportunidad de unión y de consensos que tanto hace falta en la sociedad mexicana.

¡No a las malas prácticas!

¡Sí al cambio necesario!

¡Viva el arte de la palabra!