Moscow Prepares For WW2 Victory 70th Anniversary Celebration. Foto: gettyimages

Coyote Global, Política

La renovación del ejército ruso

Mario Eduardo Piña Salcedo

17 de Septiembre de 2021

Vladimir Putin ha encabezado una renovación de las fuerzas armadas de la Federación Rusa tras la caída de la Unión Soviética.

La gran madre Rusia

La Federación Rusa es un país de escarpados contrastes. Por un lado, la inmensa mayoría de sus casi 150 millones de habitantes viven en la pobreza, pero por otro es uno de los países con más influencia internacional. La Madre Rusia sigue siendo toda una superpotencia. Influencia que, claro está, no proviene de su poder económico: Y es que su economía representa menos del 2% del PIB mundial, no tiene empresas demasiado relevantes a nivel global, y para colmo su evolución económica durante los últimos años ha sido bastante negativa.

No es en la economía donde Rusia ancla su influencia política, sino fundamentalmente en su poder militar. Aunque cada vez más lejos de Estados Unidos, Rusia sigue siendo considerada como la segunda gran potencia militar. Y hoy por hoy tan solo China amenaza con hacerla retroceder un puesto en el ranking mundial.

El ejército ruso cuenta con aproximadamente 900.000 soldados en activo y 2 millones en la reserva. Una cifra que, si bien se ha visto considerablemente reducida con el paso de los años, sobre todo si tenemos en cuenta la referencia de los más de 4 millones de soldados en activo que mantenía la Unión Soviética, sigue estando respaldada por el mayor arsenal de armas nucleares de todo el mundo y algunos de los misiles intercontinentales más avanzados que existen. Porque Rusia es ante todo un país forjado en torno a su arsenal nuclear y sus fuerzas armadas. Los cálculos existentes apuntan a que mantiene un arsenal de casi 6.500 armas nucleares.

Los números pueden convertirse en toda una trampa. Y en el caso del ejército ruso pasa algo de eso. Aunque las cifras en torno a las dimensiones de sus fuerzas armadas son asombrosas, los rusos tienen un enorme problema: la antigüedad de muchas de sus armas, tanques, submarinos, y demás artefactos.

En condiciones de lucha abierta, si tuviésemos que enfrentar a Estados Unidos con Rusia, el país de Putin lo tendría bastante complicado. Ahora bien, esto es algo que durante los últimos años se ha convertido en toda una obsesión para Moscú. Entre otras cosas porque la industria militar rusa es muy importante para el país.

El caso es que la industria militar rusa, la segunda más importante tras la de Estados Unidos, es responsable de algo más de 2 millones de empleos lo que representa ni más ni menos que el 3% de toda la fuerza laboral y el 20% de todos los empleos industriales del país. Exceptuando las materias primas, la industria militar es una de las principales actividades económicas de la Federación Rusa, además de una importante baza en las relaciones internacionales.

Russia Holds 75th Anniversary Victory Parade Over The Nazis In WWII. Foto: gettyimages


Antes de empezar a hablar sobre lo viejos que son muchos de los equipamientos militares de Rusia, para conocer el origen de toda esta historia tenemos que remontarnos hasta los años de la Unión Soviética. La URSS, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, fue durante toda su existencia un país muy pobre, pero con un enorme tejido industrial. Un tejido industrial que en todo momento estuvo preparado para la guerra.

Todas las fábricas soviéticas tenían planes de contingencia para producir armas y equipos militares en caso de ser necesario. Y es que, durante toda su existencia la URSS se dirigió bajo una Economía de Guerra. Por ejemplo, en el momento de su caída, el gigante soviético contaba con 4.000 instalaciones de producción e investigación militar, que empleaban a 6 millones de personas y consumían casi el 50% de todo el presupuesto del Estado central.

Toda una Economía de Guerra, un sistema económico preparado no para el bienestar de sus ciudadanos sino para tratar de aniquilar llegado el caso a cualquier adversario. Sin embargo, más de la mitad de este enorme tejido industrial militar soviético se perdió y tuvo que echar el cierre durante la gran crisis que se generó tras la desintegración de la URSS.

Una crisis en la que Rusia perdió en torno al 20% de su PIB tan sólo entre 1991 y 1993. La crisis fue tan grande y tuvo tantas repercusiones que la Federación Rusa no logró recuperar el PIB que tenía durante la época de la URSS hasta el año 2004.

Por el camino su industria militar sufrió una especie de apocalipsis. Casi el 70% de las empresas militares desaparecieron y el sector perdió más de 3 millones y medio de empleos, el 60% de su fuerza laboral. Y eso no es todo. Además, buena parte de los centros de producción quedaron fuera de Rusia, en países que tras la desintegración pasó a ser completamente independientes. Países como por ejemplo Ucrania, que aglutinaba el 15% de toda la producción industrial soviética. De hecho, este último elemento ha sido clave, toda una prioridad en la política exterior de Rusia.


Russia Holds 75th Anniversary Victory Parade Over The Nazis In WWII. Foto: gettyimages

Problemas con la renovación

El complejo industrial militar estaba fragmentado a lo largo de toda la geografía soviética. La interdependencia económica en este aspecto era enorme, de tal forma que cuando se rompe la URSS, Rusia se enfrenta a un doble problema. Por un lado, la crisis debilitó considerablemente su capacidad industrial, por otro sus empresas de producción militar y su ejército dependían en buena medida de aprovisionamientos, tecnología y equipos que ahora estaban en manos de otros países. Y esto es en buena medida lo que explica el empecinamiento que Rusia ha tenido por mantener un férreo control sobre algunas de las ex-repúblicas soviéticas, como Ucrania.

Los ejércitos necesitan una constante inversión para mantenerlos al día. Sin embargo, tras la caída de la URSS, Rusia simplemente y llanamente no tenía dinero. Esto es lo que explica que en 1998 el gasto militar ruso fuese un tercio del de 1992, que pasó de 48.655 millones de dólares a poco más de 16.200. Y evidentemente, como se podrán imaginar, esta reducción presupuestaria vino acompañada del hundimiento en la producción militar.

A finales de los años 90 la producción militar rusa suponía apenas un 10% de lo que se producía en 1991. Todo comenzó a cambiar con la llegada del nuevo milenio y de uno de los grandes protagonistas de la política internacional durante las últimas dos décadas. Vladimir Putin, al que algunos denominan ya como el nuevo Zar de la Madre Rusia, se encontró en lo que respecta a las fuerzas armadas rusas con una situación catastrófica. Apenas el 20% de los equipos militares eran relativamente recientes, es decir, eran funcionales.

Y no solo eso, sino que su capacidad de reacción y despliegue estaba por los suelos, problemas que en muchos casos persisten. Por ejemplo, lo que ocurre con los portaaviones. Mientras que a principios del siglo XXI Estados Unidos mantenía una flota de 14 de estos barcos repartidos por todo el mundo, Rusia apenas contaba con uno.

Otro caso lo podemos encontrar en su inventario de tanques. Aparentemente Rusia tiene la mayor flota de tanques de todo el mundo: hablamos según los cálculos existentes de entre 15.000 y 20.000 unidades, una cantidad incluso superior a la de todos los países de la OTAN juntos. ¿El problema? Que la mayoría de ellos son muy viejos. Rusia sigue operando antiguos tanques soviéticos que datan de los años 60 y 70.

Vladimir Putin presentó un completo programa integral para modernizar las fuerzas armadas rusas, un objetivo que pasó a convertirse en la gran prioridad nacional. Hablamos del conocido como programa SAP, un programa que contemplaba una gigantesca inversión de hasta 650 mil millones de dólares para comprar y desarrollar nuevos aviones, tanques, y sobre todo submarinos, cohetes y misiles. Todo con el objetivo de que para el año 2020 al menos el 70% de sus sistemas militares pudieran considerarse avanzados y plenamente operativos.

El plan de modernización del ejército ruso ha sido claramente la guerra de Ucrania y la anexión de Crimea. Esta acción militar le costó a Rusia duras sanciones de Estados Unidos y muchos otros países occidentales. Sanciones que pusieron especialmente en la diana a la industria militar rusa. Además, el hecho de que el gobierno ucraniano surgido del Euromaidan, enemigo de Rusia, lograse perdurar, ha hecho que Moscú perdiera el acceso directo a algunos de sus principales proveedores militares.

También estaban en marcha importantes contratos de suministro de motores para nuevos aviones y helicópteros de las rusas Mil y Kamov, así como para algunos Yakovlev.

Por otra parte, algunos contratos importantísimos para el suministro de componentes y tecnología para el programa de modernización de fragatas rusas también se hicieron añicos trastocando seriamente los planes de Moscú.

Pues bien, todos estos contratos fueron suspendidos por el gobierno ucraniano tras la invasión, lo que obligó a Rusia a tener que buscarse la vida encontrando otros proveedores locales o de países afines. Algo que no resulta tan sencillo, ni por nivel de desarrollo ni por acoplamiento y compatibilidad tecnológica.

Además, tras los sucesos de Ucrania y las sanciones internacionales, Estados Unidos y muchos países aliados detuvieron la venta de componentes electrónicos de doble uso -civil y militar-, de cristales y aceros especiales que eran utilizados para fabricar armas Y satélites rusos, en los que Moscú se gastaba unos 500 millones de dólares cada año.

Russia Holds 75th Anniversary Victory Parade Over The Nazis In WWII. Foto: gettyimages


La gran transformación militar.

A pesar de los enormes esfuerzos realizados, los problemas aún persisten y según se calcula que llegado el 2020 menos del 50% de las fuerzas terrestres pueden considerarse modernas. Inicialmente Rusia planeaba equiparse con 2.300 tanques hasta 2025. Sin embargo, el presupuesto se ha diluido tanto que al final, estos 2,300 tanques se han quedado en 132.

A pesar de todo y de no haberse cumplido los objetivos, lo cierto es que el periodo 2011-2020 ha sido la etapa de mayor modernización militar desde que cayó la Unión Soviética. Durante este tiempo hemos visto cómo las fuerzas aéreas rusas han incorporado casi 100 Sukhoi Su-35, su caza más avanzado con especificaciones próximas a los cazas americanos y europeos más recientes.

Además, se están actualizando los viejos bombarderos soviéticos con capacidad nuclear Tupolev 160 para crear la variante Tu-160M de la que Rusia busca incorporar 10 unidades. Por el lado marino, que es donde más flaquean los rusos, el programa ha dado prioridad a los submarinos con capacidad nuclear clase Borey. Unos submarinos con 16 lanzadores de misiles con capacidad para portar seis cabezas nucleares cada uno. El coste de construir, equipar y armar cada uno de estos navíos se acerca a los 1.000 millones de dólares. Son la nueva joya de la corona del arsenal ruso y actualmente ya hay 4 surcando los mares.

Y así podríamos continuar con muchos más equipos. Como se aprecia, el programa SAP no se ha completado, pero a pesar de ello, es innegable el salto que ha supuesto para las fuerzas armadas rusas.

Hay una cuestión clave que puede condicionar el futuro de todos estos planes. Me refiero a que la capacidad militar de un ejército tiene mucho que ver con su capacidad industrial. Hoy en día para países como Rusia su influencia internacional está ligada a su capacidad para fabricar y vender equipos militares modernos. Más aún si el país atraviesa una crisis económica estructural.

El mercado de las armas no es muy diferente a cualquier otro: la competitividad y la innovación resultan claves. Pues bien, el caso es que estos problemas y el fracaso parcial del plan 2011-2020, es lo que ha llevado a Putin a anunciar uno nuevo con un presupuesto casi idéntico: el Plan de Armamento del estado 2018-2027. Claro que, a diferencia del 2011, hoy los recursos del estado son mucho más limitados.

Durante la etapa de Vladimir Putin las fuerzas armadas rusas han experimentado un enorme salto. Sin embargo, aún hoy siguen teniendo 3 grandes problemas: Primero, en gran medida siguen estando desactualizadas y mal equipadas. Más allá de los grandes programas que el gobierno ruso promociona a bombo y platillo en la realidad los avances no son tantos.

Segundo, la industria militar rusa sigue siendo poco eficiente, muy burocrática y pesada. Lo que ya no solo le supone un reto a la hora de competir con las empresas militares norteamericanas sino también con nuevos jugadores como China. Y tercero, la crisis económica estructural que vive el país plantea serias dudas sobre su capacidad para financiar la actualización y la operatividad de sus fuerzas armadas.

Con todo, los esfuerzos del gobierno de Vladimir Putin han hecho que Rusia mantenga su estatus como superpotencia, algo que a finales de los 90 estaba en serias dudas. A pesar de todo Vladimir Putin ha logrado consolidar y mantener a la Federación Rusa como una superpotencia a nivel mundial.

Russian President Vladimir Putin. Foto: gettyimages