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Coyote Global, Opinión

La migración ¿un derecho humano?

Gisela Ramírez

30 de Septiembre de 2021

En las últimas semanas se han registrado numerosos casos de violencia contra los migrantes, por lo tanto, la finalidad de este artículo es comprender de mejor manera el fenómeno de la migración y concebirlo como un derecho humano.

Los derechos humanos, según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, son “el conjunto de prerrogativas sustentadas en la dignidad humana, cuya realización efectiva resulta indispensable para el desarrollo integral de la persona”, en términos comunes, se tratan de las libertades y beneficios que todas las personas tienen por el hecho de ser seres humanos. Estos derechos están salvaguardados por diversos ordenamientos tanto a nivel nacional -por ejemplo, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos- como a nivel internacional -es decir, la Declaración Universal de los Derechos Humanos-. El rasgo primordial de los derechos humanos es que son inherente a la persona, sin distinguir condiciones como la nacionalidad, sexo, orientación sexual, religión, color, lengua o cualquier otra característica distintiva.

Entre las características de los derechos humanos cabe destacar la universalidad -que se refiere a que todas las personas son acreedoras a estos derechos-, indivisibilidad -es decir, que el derecho no puede fragmentarse, se tiene que asegurar que se respete en su totalidad-, interdependencia -que se refiere a que cada derecho consiste en una totalidad en sí mismo y no se ve afectado por los demás- y progresividad -que los Estados tienen la obligación de proporcionar las condiciones para su desarrollo y que no sean limitados-.

Ahora, para aterrizar al tema que nos compete hoy, es necesario hacer una aclaración pertinente. Los tratados internacionales normales utilizan los términos refugiados y migrantes en conjunto. Para efectos de este artículo considero importante que delimitemos los significados de cada una de estas palabras. Se entiende por refugiados a las personas que huyen de conflictos armados o persecución política en su país, por lo que buscan asilo en otras naciones; mientras que se entiende por migrantes a quienes deciden dejar su país para buscar mejores condiciones de vida -generalmente económicos- pero su vida no corre un peligro inminente en su país de origen.

Si se quiere analizar a la migración desde una perspectiva de derechos humanos, es necesario enfatizar los derechos que esta práctica consagra. Para comenzar, el derecho a la vida digna, el derecho a circular de manera libre no solamente en su país, sino también en otros países, de manera indirecta el derecho al trabajo y el derecho a un nivel de vida adecuado; una vez más, es importante recalcar que los migrantes no se van de sus países de origen solamente porque sí, lo hacen porque no encuentran las condiciones para desarrollarse y dar a sus familiares una vida adecuada y a falta de los recursos o apoyos de su Estado para garantizar estas condiciones de vida digna, los migrantes optan por buscar mejores oportunidades en los países vecinos.

El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular en su preámbulo establece que los migrantes tienen los mismos derechos humanos universales y libertades que cualquier otra persona, por lo que deben ser respetadas, protegidas y cumplidas en todo momento. Por lo tanto, es importante recordar que al hablar de migración no solamente es hablar de un fenómeno sociodemográfico, sino, también se está hablando de personas con derechos y dignidad humana que tienen que ser protegidos a toda costa. Asimismo, al remitirnos a la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, específicamente en la meta 10.7: facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas, incluso mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas se expresa la responsabilidad de los Estados para tomar acciones contundentes y asegurar que el derecho a la migración esté garantizado de manera segura y digna.

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Actualmente, y como un efecto de la globalización, es común escuchar o leer noticias sobre migrantes, sobre el aumento de los flujos migratorios e incluso se le ha denominado a este fenómeno como una “crisis migratoria”. Desafortunadamente, los titulares no terminan ahí, estas noticias suelen están acompañadas de violencia ejercida por parte de los Estados -llámese México, Chile, Estados Unidos, por citar algunos ejemplos en el continente americano- que reciben migrantes. Si bien, el fenómeno de la violencia contra los migrantes no es algo nuevo, tampoco debería de ser algo tan cotidiano considerando que los migrantes son tan personas y tan tenedores de derechos humanos como tú o como yo.

Para abordar de manera detallada la situación y comprenderla de mejor manera, podemos remitirnos a la violencia que los migrantes sufren específicamente en México. En nuestro país, las violaciones a derechos humanos de los migrantes se perciben en gran manera, yendo desde la extorsión y las amenazas, hasta la desaparición o el asesinato. Por su ubicación, México es un país al que migrantes centroamericanos -en especial de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua- llegan de manera regular con la esperanza de pasar a Estados Unidos de América. Desafortunadamente, para muchos, estos sueños se ven interrumpidos por la violencia ejercida tanto por integrantes del crimen organizado, como las mismas autoridades del Estado Mexicano -para citar un ejemplo, la Guardia Nacional-.

En conclusión, hablar de migración implica hablar de vidas, vidas de personas con derechos humanos que viven una vulneración directa de estos de manera cotidiana. Si bien, debería de abrirse esta conversación -sobre todo por parte de los Estados- desde una óptica de tolerancia y respeto por la dignidad humana, desafortunadamente se trata de un tema sistemáticamente ignorado, o en el peor de los casos, justificado bajo el argumento de que se está “velando por la seguridad nacional”. Es nuestro deber como ciudadanos comprometidos con los derechos humanos, ceder nuestras plataformas para ampliar las voces de quienes viven estas violaciones y no callar ante estas injusticias -porque indirectamente nos convertimos en cómplices de estas situaciones-. Para cerrar este apartado, me gustaría dejar un par de preguntas al aire: ¿Por qué los Estados creen que ejercer estas políticas violentas contra este sector vulnerable es la solución? ¿Qué hicieron los migrantes, personas que solamente buscan velar por su bien y el de sus familias, para merecer estos tratos tan violentos por parte de las instituciones que deberían estar comprometidas con proteger la vida humana?