Retrato de la Emperatriz Isabel de Austria. / Franz Xaver Winterhalter, óleo sobre tela, 1865. Palacio de Hofburg, Viena.

Cultura, Coyote Global

La mítica Sissi de Austria

Rodrigo Castañeda

28 de Julio de 2021

Son muchos quienes nunca han olvidado la frescura e inocencia con las que encarnó Romy Schneider a la joven Sissi. Pero pocos son quienes conocen realmente lo que existió detrás del cuento de hadas que se proyectó a finales de los años 50 en la gran pantalla de una Europa que había sido devastada por la guerra.

Detrás de esa tierna sonrisa y esa opulenta cabellera existió una mujer que no tuvo el menor vacile al enfrentarse a una corte y un mundo para los que quizá nunca estuvo preparada, o que con mayor probabilidad no estaban listos para ella.

En los años 50 del siglo XX la gran pantalla nos regaló una imagen de cuento de hadas, encarnada por una de las actrices más hermosas que el cine ha visto, presentando a Elisabeth de Austria (Isabel de Baviera), sin embargo la vida de Sissi, cómo se guarda en la memoria colectiva, fue todo menos un cuento con un final feliz.

La historia se ha olvidado de la controvertida personalidad que impactó a Europa en la segunda mitad del siglo XIX quien en sus propias palabras se vería en la necesidad de “vivir como una ermitaña, (...) en el gran mundo se me persiguió y juzgó mal” en todo caso los reflectores de Hollywood no iluminaron lo que numerosas investigaciones y biografías han descubierto, sus problemas de salud, una personalidad sensible, un amor destacable por la cultura, la poesía, el ocultismo, y sobre todo una inteligencia sobresaliente, avanzada lo suficiente a su época, como para saber que el imperio del que formaba parte estaba por llegar a su fin.

Romy Schneider en el papel de Elisabeth en la película Sissi Emperatriz. / Película Sissi Emperatriz de 1955.


Isabel de Austria entró en este mundo un 24 de Diciembre de 1837 como princesa de Baviera donde creció llevando una vida sencilla y bohemia en comparación de lo que se estilaba para la realeza de la época, rodeada de bosques, montañas, animales y sobre todo la convivencia con su familia de quien era realmente cercana.

De espíritu soñador, sensible y carácter un poco tímido, Sissi había heredado, en gran medida el deseo de libertad y la ideología de su padre quien siempre se había esforzado por mantenerse alejado de la corte de Austria por el riguroso protocolo que en ella se practicaba.

Por el contraste su mamá había mantenido siempre la idea de que por el bien de todos lo más conveniente era mantenerse cerca de ella, en especial de la Archiduquesa Sofía, madre del Emperador de Austria Francisco José, de quien por cierto era hermana.
Esta había decidido que era momento de que Austria tuviera una Emperatriz a la altura de su hijo, del estado y sobre todo de sus propias expectativas.
Es así como en el verano de 1853 junto con su hermana se dispone a comprometer al Emperador con la princesa Helena (hermana mayor de Sissi) por lo que ambas madres planearon unas vacaciones en conjunto.

El momento llegó, Sissi quien las acompañó casi por mera casualidad, resultó llamar mucho más la atención de su primo, Francisco José, quien no mostró realmente el mínimo interés por la que se había previsto sería su esposa.
La decisión fue tomada, si bien por gracia del emperador, de un momento a otro la joven Sissi cambiaría el curso de la historia de la Casa de Austria para siempre.

La Emperatriz Elisabeth de Austria / Victor Angerer, Viena, 1864, Colección de Rodrigo Castañeda Montoya.


Desde el principio la nueva emperatriz recibió la desaprobación por parte de la corte vienesa con quienes nunca entabló una buena relación, su suegra la poderosa Sofía inició una batalla que le arrebatará a la joven incluso el derecho a ser madre.
De pronto la nueva Emperatriz quien cada vez añoraba con mayor fuerza la libertad, se encontraba en un mundo del que nunca formó parte y en el que probablemente nunca le interesó hacerlo.

Poco después de su matrimonio la soledad se hizo presente, ciertamente su marido estaba muy enamorado pero las obligaciones de un jefe de estado lo mantenían muy ocupado y alejado de ella, sus damas pertenecían a la aristocracia y eran cuidadosamente seleccionadas por su suegra, quien como casi con todo, se tomaba la libertad de elegir, criticar y corregir según sus ideales.

Un año después la emperatriz tendría a su primera hija, Sofía inmediatamente la madre del emperador se hizo cargo de la pequeña, alegando que Sissi era demasiado joven e inexperta, la historia se repetiría al año siguiente con el nacimiento de su segunda hija Gisela.

Aún con la oposición de la emperatriz no había nada que esta pudiera hacer contra los designios de su suegra, la relación empeoró cuando en un viaje a Hungría donde las niñas habían asistido por ímpetu de su madre, sin prever las consecuencias, ambas enfermaron gravemente, sobre todo la pequeña Sofía quien perdería la vida.

Palacio Imperial de Hofburg, residencia oficial de la familia Habsburgo. / Fotografía: Sisi Museum - Hofburg Wien.


Como ya era costumbre en 1858, Sissi daba a luz a su siguiente hijo y heredero a la corona Rodolfo, quien de igual forma sería separado de su madre como sus hermanas.
Este último recibiría una educación sumamente estricta y militar, basada en entrenamientos físicos y abuso psicológico los cuales darían como resultado serias complicaciones y alteraciones en el desarrollo del joven.

Sissi no resistiría mucho más, cansada de la corte, de su suegra, de un marido ausente y aquejada por diversos males respiratorios buscaría refugio en la cálida Isla de Madeira donde tendría lugar una de las etapas más decisivas de su vida, es aquí cuando la joven comienza a darse cuenta de la profunda influencia y atracción que provoca en la gente, sobre todo en el sexo opuesto pues la belleza física de la emperatriz había comenzado a desarrollarse hacia tiempo y estaba en su punto más alto.

Consciente de esto Isabel adoptaría rutinas de belleza que se impondría hasta el final de su vida, muchas de ellas aún extravagantes incluso para nuestros días, tales como una dieta basada en jugo de carne, y pescado hervido, mascarillas hechas a base de frutas y carne cruda, rutinas de ejercicio extenuantes, e inclusive a ser diagnosticada con lo que hoy se conoce como bulimia, entre muchas otras cosas.

Elisabeth pronto se convirtió en la mujer más bella de toda Europa, o incluso del mundo según el cotilleo de entonces en las cortes europeas.

En contra de las reglas impuestas por la sociedad del momento la emperatriz comenzaría a viajar por todo el mundo, aprendiendo el griego y húngaro (idioma prohibido en la corte vienesa) visitando ciudades como Budapest y ganándose la simpatía de la población quienes la aclamaron y facilitaron el proceso que en 1867 la llevarían a ella y a su marido a convertirse en Reyes de Hungría.

Es aquí cuando daría a luz a su última hija Maria Valeria, a la cual procuró durante toda su vida y la única con la que se le permitió interactuar e incluso educar, llegando a apodarla “mi pequeña niña húngara”.

Fotografía Emperatriz Elisabeth de Austria, Reina de Hungría./ Emil Rabending, Viena, 1866.


La vida de Isabel giraba en torno a ella misma, cuidaba su aspecto físico, incluyendo su cabello el cual también sería famoso en las cortes europeas, viajaba a diversos lugares y permanecía el menor tiempo necesario en la corte. La idea de envejecer la consternaba y aún más que el mundo se percatara de ello, por lo que a partir de los treinta años no dejó que nadie la retratará o se hiciera otra fotografía de ella, de la misma manera mantenía a todos los cronistas o curiosos lo más alejado posible, llegando incluso a ocultarse.

Su mundo se volcaría cuando a principios de 1889 su único hijo, Rodolfo moriría en circunstancias extrañas y poco favorables para la corona.

A partir de este momento la vida de Isabel se evocaría en torno a sus múltiples viajes por el mundo, a menudo sin rumbo, ocultaría su identidad detrás de un abanico así como de un seudónimo, sus rutinas se agudizarian y vestiría de negro casi permanentemente.

La necesidad de nunca permanecer en el mismo lugar ni ser reconocida la acompañaría durante el resto de su vida, sus apariciones públicas llegaron casi a ser imposibles y su relación con la corte obsoleta.

Finalmente es así como el 10 de Septiembre de 1898 en uno de estos incontables viajes, la que había sido considerada la mujer más bella de Europa, encontraría su destino a manos de un asesino quien como ella misma había afirmado se encargó de ayudarle a “dejar este mundo como un pájaro, que se eleva hasta la distancia de lo etéreo, o como el humo que va desapareciendo delante de nosotros y que en la distancia ya no es más.”

Es aquí donde realmente comenzó el mito que giraría en torno a su figura y que la acompañaría hasta nuestros días.

Fotografía del Museo de Sissi en Hofburg, Viena, Austria. / Fotografía: Sisi Museum - Wien, 2019.


Isabel de Austria fue quizás el personaje más controvertido de su época siendo una mujer excepcional, caracterizada por su excéntrico comportamiento, aunado a su particular belleza física e intelectual.

Alguien que quizás era consciente de haber nacido en un momento donde no era comprendida, no es por eso casualidad que su figura haya trascendido hasta bien entrado el siglo XX, de la mano de incontables publicaciones como películas, series, libros, dulces, e incluso material infantil, se mantiene en la memoria de miles de personas alrededor del mundo, siendo incluso el principal atractivo turístico en Austria cuyo museo recibe al año millones de visitantes interesados en conocer un poco más a la princesa de cuento de hadas.