Entretenimiento

La increíble historia de la Isla de las Rosas

Fernando Roura

4/Enero/2021

La nueva película de Sydney Sibilia narra la historia real de una utopía extraordinaria, aunque exagerando la rareza del relato y disminuyendo su carácter épico

Hay algunas historias que, al escucharlas, no puedes evitar pensar que deberían convertirse en una película. Algo parecido le ocurrió a Sydney Sibilia cuando conoció el caso real, pero poco recordado, de la República de la Isla de las Rosas, fundada en mayo de 1968 cerca de la costa de Rímini y hundida unos meses después, en febrero de 1969. El director de la trilogía Smetto Quando Voglio, decidió adaptar para Netflix la historia de una tierra utópica nacida de la mente de un visionario, el ingeniero nacido en Bolonia Giorgio Rosa. El resultado es La increíble historia de la Isla de las Rosas, una película ambiciosa y bien hecha que se centra demasiado en la naturaleza absurda de la historia y no rinde suficiente homenaje a la extraordinaria hazaña que lo inspiró.

La historia en sí misma es increíble: mientras las generaciones más jóvenes luchaban por cambiar el mundo (a finales de los años 60), el joven ingeniero interpretado por Elio Germano (que recibió el premio al Mejor actor en la Berlinale 2020 por Hidden Away) decidió crear por sí mismo el mundo con el que soñaba: construyó una plataforma de acero/isla de 400 metros cuadrados, que se encontraba a 6 millas de la costa de Romaña, en alta mar, donde la única norma era que no había normas. Rosa pidió al Consejo de Europa que reconociera “La Isla de las Rosas” —que, mientras tanto, se convirtió en un destino sagrado para soñadores procedentes de todo el mundo— como un estado independiente. El gobierno italiano estaba en contra de dicha iniciativa. Usó la fuerza para acabar con la aventura de Rosa: hizo añicos la plataforma en la única guerra de agresión librada por la República de Italia.

Sibilia, que escribió el guión junto a Francesca Manieri (con quien también colaboró en Smetto Quando Voglio: Masterclass y Smetto Quando Voglio: Ad Honorem), opta por dotar a la película de un tono cómico desde la primera secuencia, donde vemos al ingeniero italiano asustado en el vestíbulo del Consejo de Europa en Estrasburgo, a la espera a ser recibido para presentar su caso y reivindicar su postura contra un estado italiano que, en su opinión, sólo se identifica con una forma de libertad: el tipo “condicionado”. Lo que sigue es un largo flashback que explica los pasos que llevaron a la fundación del pequeño Estado Independiente del que Rosa se declaró presidente: desde su licenciatura en ingeniería a la creación de “juguetes que te arrestan” —como describe sus invenciones su furiosa exnovia Gabriella (Matilda De Angelis)— hasta la chispa que se enciende en la mente anarquista e idealista de Giorgio cuando ve el cartel publicitario de una empresa petrolera (“nuestra plataforma, nuestra libertad”).

La película, muy bien grabada y cautivadora a nivel visual con su brillante reconstrucción de los años 60, repleta de tonos pastel y éxitos musicales de la época, a veces parece poco creíble, algo irónico dado que, a pesar de su apariencia absurda, la historia es cierta. En su ligera romanización de la aventura de Rosa, los autores decidieron centrarse en el lado absurdo de la historia y restar importancia a la naturaleza épica de su hazaña, una perspectiva que confunde al espectador sobre los verdaderos motivos detrás de la iniciativa de Rosa. Es una película alegre y divertida, pero al final nos preguntamos si era el tono adecuado para contar una historia tan excepcional.

La increíble historia de la Isla de las Rosas ha sido producida por Groenlandia en representación de Netflix. La película está disponible en la plataforma desde el 9 de diciembre.