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Recetario para la memoria / Foto: Instagram @recetarioparalamemoria

Cultura

La comida es un lazo: El Recetario para la memoria de las “Rastreadoras del fuerte”

Brenda Ileana Uribe

18/Febrero/2021

“Un recetario para aprender a cocinar. Para alimentarnos la memoria. Para resistirnos al olvido. Para nutrirnos de resistencia. Para que lo individual sea colectivo”. Zahara Gómez Lucini presenta así su obra “Recetario para la memoria”.

Como elemento vital, la alimentación dota al ser humano de la energía y nutrientes necesarios para su existencia; pero esa no es su única importancia. Desde la antropología, la comida tiene una carga simbólica e identitaria que dota a quien la ingiere de pertenencia: a un grupo social, a un tiempo y a un espacio. Para Zahara Gómez Lucini y las rastreadoras del fuerte, recuperar la memoria a través de la comida parece algo fácil de hacer, pero a la vez es un detonante de dolor, tristeza, culpa, alegría… es un cúmulo de emociones llenar la cocina con ausencias.

Cocinar los platillos favoritos de los tesoros es un símbolo de resistencia y unidad, es una lucha permanente contra el olvido. En la comida reconocemos nuestro lugar frente a los demás, y somos reconocidos como parte de un todo, de una sociedad. Las recetas que se presentan en este libro son una ventana al día a día de quienes las preparan y las consumen; y nos permiten, también, conocer las historias personales, pues en nuestras formas de comer, en los ingredientes, y con quiénes compartimos la mesa se reflejan los códigos que hemos adoptado.

La comida como lazo es indispensable en nuestro sentido colectivo. La memoria la reconocemos por medio de los sentidos: la vista, el oído, el tacto y, por supuesto, el olfato y el gusto. De esta manera, el acto de comer, como parte de la vida cotidiana, también se entiende como un constante recuerdo y homenaje hacia quienes faltan. Pero ¿quiénes son los desaparecidos?

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No estamos solas… / Foto: Instagram @recetarioparalamemoria

LAS RASTREADORAS DEL FUERTE Y LAS DESAPARICIONES FORZADAS

Este grupo conformado por mujeres nació en 2014, tras la desaparición del primer tesoro: Roberto Corrales Medina, en Los Mochis, Sinaloa. Su madre, Mirna Medina, lo buscó hasta que en 2017 logró localizarlo. A ella se le han unido más de 130 mujeres que buscan a sus familiares, o tesoros, logrando localizar a 195, y buscando aún, hasta enero de 2020, a 1,504 tesoros, víctimas de desapariciones forzadas.

Todo esto de acuerdo con la información que el mismo Recetario… brinda. Las Rastreadoras, con su búsqueda implacable, han logrado mostrar no solo el amor hacia sus familiares, sino la complicidad que existe entre el Estado y la falta de justicia que permite que las desapariciones queden impunes, sin respuestas ni resultados.

También se han dado cuenta de la existencia de fosas clandestinas, y una realidad que nos deja perplejos: la ausencia. Pero no es una ausencia como las demás, sino que es una ausencia que permite vivir y morir a la vez; vivir con la esperanza de volver a ver a los tesoros, de estar todos de nuevo; y morir de dudas y preguntas, de no saber dónde están, de saber si están bien o no, de saber si están, de saber si ya comieron…

Las desapariciones forzadas en México han sido, en las últimas cinco décadas, noticias de primeras planas, y dolores de familias enteras. En 1969 sucedió la primera desaparición forzada en manos de agentes del Estado; y para 1973 ya existía el Comité Eureka!, formado por Rosario Ibarra de Piedra, tras la desaparición de su hijo, Jesús Piedra. Siguiendo a María de Vecchi, quien es parte de Article 19 México y Centroamérica, e integrante de H.I.J.O.S. México, hasta enero de 2020 se tiene cuenta de 61,637 personas víctimas de desapariciones forzadas.

Todas las historias que se han contado, y los silencios que también han hablado, permiten reconocer a las víctimas de desaparición como miembros de nuestra sociedad, de nuestro México. Sabemos sus nombres, hemos visto sus fotografías, sabemos a qué clanes pertenecen, y ahora, con el Recetario… se nos permite saber cuáles son sus platillos favoritos.

La desaparición como crimen de lesa humanidad no solo rompe el tejido social, sino que deja un lugar vacío en los corazones de sus allegados, y en la mesa a la hora de comer, desayunar o cenar.

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Un platillo con sabor a memoria / Foto: Instagram @recetarioparalamemoria

UN PROYECTO FOTOGRÁFICO, GASTRONÓMICO Y SOCIAL

Como un llamado a la acción social y a visibilizar la cruda realidad de la búsqueda de desaparecidos, Zahara Gómez Lucini, fotógrafa y maestra en historia del arte, hizo equipo con Las Rastreadoras del Fuerte para mostrarnos una parte más humana de las búsquedas de víctimas. Y así, pasar de contarlos como estadísticas, cifras o lugares con un alto índice de violencia, para reconocerles como humanos, con sueños y actividades cotidianas, y familias que anhelan volver a verles.

De acuerdo con Gómez Lucini, el Recetario… es una “mesa puesta” que invita a la acción y a unirnos en voz para hablar de lo que no se habla, y enfrentarnos a la ausencia, a la impunidad, y al olvido. Las fotografías de esta obra están hechas en su totalidad por Zahara, mientras que 27 mujeres de Las Rastreadoras nos comparten sus recetas, con ingredientes y modos de preparación, para cocinarlas tal cual los tesoros las degustaba. Estos tesoros son hijos e hijas, hermanos, esposos, nietos, sobrinos y amigos de una parte de la sociedad a quienes la violencia les perpetró profundamente.

Los platillos que aquí encontramos son únicos, pues están dedicados a la memoria de las víctimas, y a la esperanza de volver a compartirlos todos juntos. De esta manera, la obra recibió apoyo de los restaurantes “Maximo Bistrot” “Flor de Nogal”, “Taft-Díaz” y “Pujol”. Asimismo, parte de su acervo fotográfico está exhibido en el Centro de la Imagen, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad.
Diversos medios de comunicación y prensa se han contactado con Lucini y Las Rastreadoras, obteniendo visibilidad tanto al proyecto como a la causa.

El Recetario… nos invita a reconocernos como seres humanos, como cotidianidades y necesidades –como la comida–, y forma parte de un reclamo a la justicia, que una manera tierna y gentil nos cuenta la historia personal de quienes no están, pero que seguimos buscando hasta encontrarles. Hasta que no nos falte nadie.