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Frida Kahlo en Nueva York / Foto: Secretaría de Cultura

Cultura

Frida Kahlo. Un mito entre el feminismo y la abnegación

Samanta Barbán

12/Marzo/2021

“Si tengo que pedirlo, entonces no lo quiero” es una reconocida frase de la pintora surrealista mexicana Frida Kahlo, quien ha sido ligada al movimiento feminista. Kahlo se convirtió en un símbolo y estandarte del movimiento, pero no todo en su vida ha sido color violeta. Conoce más de su historia para saber si realmente era feminista, o no.

Magdalena Carmen Frida Kahlo nació en Coyoacán, Ciudad de México(1907-1954) fue una pintora que, aunque estuvo inmersa en el ambiente de los grandes muralistas mexicanos de su tiempo y compartió sus ideales, creó una pintura absolutamente personal, ingenua y decididamente metafórica, derivada de su exaltada sensibilidad y de los acontecimientos que marcaron su vida.

No es difícil amar a Frida; es común sentir empatía al pensar en ella, pues todos nos reconocemos en su dolor, y ella lo sabía. Es admirable que esa flaca y menuda mujer haya podido soportar aquella poliomielitis, sobrevivir al accidente en autobús que le arrebató la virginidad, resistir a la parálisis que la mantuvo mucho tiempo en cama, y experimentar cirugías. Frida, era una mujer talentosa pero herida, que vivió bastantes desgracias.

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Frida y Diego / Imagen: Caras México

Frida Kahlo: un símbolo del feminismo.

El feminismo es un movimiento con varios siglos de historia. Algunos le atribuyen su nacimiento a la Revolución francesa, donde también las mujeres se levantaron para reivindicar sus derechos, y criticar que este movimiento se centraba solo en el hombre.

En todo este tiempo han surgido diferentes figuras femeninas que han luchado por la total inclusión de la mujer en la sociedad; mujeres fuertes y conscientes de la situación ya se han sumado a la causa.
Frida, por todo lo antes mencionado, y por la empatía que generaba debido a las circunstancias que vivió, abrió un camino a todas esas mujeres seguras de sí mismas y de su talento. Kahlo decidió crear su propia imagen, y quiso enfocarla en la lucha por la igualdad, masculinizando su aspecto, y permitiendo y aceptando el vello facial; de esta manera, se olvidó de los estereotipos de género, que eran tan presentes y normales en la época.

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Pañuelo feminista “Abandona tu Diego” / Imagen Pinterest

-Abnegación disfrazada

Frida es un símbolo del feminismo por algo más que por sus cuadros; fue el hecho de que una mujer llegara tan lejos en el mundo de la pintura y la política en aquellos tiempos. Kahlo quiso ser una mujer luchadora y defensora del marxismo y de los derechos de los indígenas; también participaba activamente en la política, un rol que estaba asignado casi en exclusiva al género masculino.

Podemos ver que Frida era una mujer libre, y así lo reflejaba en sus obras, en las que hablaba abiertamente de sexualidad, el aborto, lactancia y la maternidad. La artista daba voz a las mujeres reprimidas y enjauladas, quienes no salían de sus casas o que no hablaban con libertad porque eso no le correspondía a su género.

No obstante el talento, los logros en diferentes ámbitos y la imagen de mujer fuerte, Frida dista mucho de ser la mujer que aparentaba. Su relación con el también artista Diego Rivera fue por demás tormentosa, un cúmulo de infidelidades por parte de ambos, el abandono de Diego y sus múltiples problemas de salud, provocaron en Frida una obsesión por él, que la lleva de ser una mujer fuerte y libre, a ser abnegada y sumisa. Permitió así que el machismo de Rivera eclipsara el carácter determinado de ella; el pintor traicionó a Frida de la peor manera, al involucrarse con la hermana menor de las Kahlo. Y, aunque ella decide terminar con él, y muy a pesar del maltrato psicológico que vivió, ella lo perdona una y otra vez. Frida Kahlo es un claro ejemplo de no poder decir basta y continuar con una relación enfermiza, dependiente y destructiva, que la mantenía con falsas esperanzas.

Kahlo defendía que mantenían una relación abierta, pero de acuerdo con las cartas que ella misma escribía, parecía más una actitud de resignación por miedo a perder para siempre al ser amado. El libro de Elena Poniatowska, Querido Diego, te abraza Quiela, desenmascara la figura de Rivera y lo describe como un auténtico monstruo a partir de la relación con su primera mujer.

Esta incapacidad de alejarse de la persona que le hacía mal quedó plasmada en las cartas privadas que publicó el famoso libro Nunca te olvidaré, Frida Kahlo. "No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inminente a mi ser; aunque sí te confieso que sufrí, y sufrí mucho, la vez, todas las veces que me pusiste los cuernos… No sólo con mi hermana sino con otras tantas mujeres… ¿Cómo cayeron en tus enredos? Tú piensas que me encabroné por lo de Cristina pero hoy he de confesarte que no fue por ella, fue por ti y por mí, primero por mí porque nunca he podido entender ¿qué buscabas, qué buscas, qué te dan y qué te dieron ellas que yo no te di?". Esto es una muestra tangible de la mujer suplicante, humillada y resignada a ser sometida a la voz y voluntad del hombre que tanto amaba.

Conociendo la experiencia de la artista mexicana, resulta interesante la labor de reflexión, muy ad hoc en nuestros días, para cuestionarnos y replantearnos hasta qué punto Frida resulta ser un símbolo del feminismo actual. De esta manera podría ser interesante el debate sobre las figuras femeninas que han sido adscritas al movimiento feminista, para así evitar caer en la contradicción del cliché de la mujer libre que lucha por sus ideales y la de la mujer que se resigna a ser dependiente emocional y económicamente de su marido.

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