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Nuevos partidos políticos. Foto: El universal

Nacional, Opinión

El coco pandémico

Ángel Enrique Dupuy

11/Marzo/2021

Partidos nuevos desconocidos, chapulines en todos lados y cada político quiere hueso. 2021 para los viejos lobos, 2024 para las juventudes.

Seamos sinceros, quienes nos dedicamos a observar lo que pasa en las elecciones nos encantaría estar en varios lugares haciendo entrevistas, estando en los mítines y realizar encuestas sin la necesidad de tener que estar cuidándonos con cubrebocas o gel antibacterial; sin embargo, si los periodistas ya estamos ansiosos de poder salir a cubrir notas, no me imagino a los precandidatos en los 31 estados de la República y la Ciudad de México.

Los representados quieren ver y analizar las propuestas de los candidatos a llegar a San Lázaro o a los Congresos locales, verlos solo en pantalla e identificar la cara no es lo que uno quiere ver como votante. Caritas vemos, pero sentimientos y realidades no sabemos. Las leyes electorales han cambiado y las páginas de Facebook, Twitter o Instagram de candidatos no necesariamente están hechas por ellos mismos, sino por sus coordinadores de campaña o sus asesores externos. Es decir, que si uno manda un mensaje a un candidato con vistas a poder interactuar con él, es probable que otra persona pueda contestarlo y tú ni te enteres.

Pero, por supuesto, si no hay interacción, no hay conocimiento, si no hay conocimiento, no hay razón de votar por alguien; si no hay razón de votar por alguien, no tiene sentido hacer campaña, si no tiene sentido hacer campaña, no hay candidato, si no hay candidato, no hay partido. El problema de los nuevos partidos como Encuentro Solidario, Fuerza X México, Redes Sociales Progresistas o Equidad, Libertad y Género (seamos sinceros, ¿habían escuchado de este nuevo partido local en la CDMX?), es que para poder ganar un distrito local o concejalías y alcaldías, es necesario que tengan mínimo el 3% de la votación en la demarcación territorial, respeten la paridad de género y, que queden bien posicionados para que obtengan un asiento por principios de Representación Proporcional.

¡Qué bronca! Nuevos pero no conocidos, ¿qué hacer en esos casos? Primero, es importante contratar a diseñadores de redes sociales y estrategas de campañas que implementen planes en favor de la publicidad del candidato y del partido. En algunos estados de la República Mexicana se vota por el candidato y no por el color o ideología del partido político, ello es algo muy positivo porque en realidad las y los votantes están a favor de conocer todas las aristas de las personas, sus leyes 3 de 3, su cara buena y la mala también, se dan la oportunidad de visualizar el mundo que quieren a través de ellos.

No obstante, en varios lugares de México el color importa y si no es del partido marrón, azul, tricolor u amarillo, es mejor no votar por ellos solo por el color, algunos dirían “fuchi, guácala”, otros dirían, “es que no representa los ideales del gobierno o de la oposición”. ¿Sabemos cuáles son los ideales del gobierno y la oposición realmente? ¡Gobierno y oposición comparten candidatos desde la formación del Partido de la Revolución Democrática en 1989!

Solo veamos los cuadros del gabinete del gobierno federal, algunos fueron los asesores de Luis Donaldo Colosio Murrieta, inseparables de Salinas de Gortari o terratenientes de Vicente Fox Quesada. En la democracia se valen los cambios de ideologías y de chapulinear entre partidos, pero decir que la lealtad partidaria es la única que debe velar en la elección de candidatos…solo aplica para antes de 1989, ahora cualquiera va y viene, del PRI a MORENA y del PES al PAN o a Fuerza X México.

Esto no es una crítica al gabinete, sino a la realidad del México moderno, en donde se necesita de los cuadros clásicos para mantener partidos por no ser conocidos y, ergo, mantener un 3%. ¿Qué sería si los partidos satélites ya no existieran? Bueno, sería probable que hubiera más unión entre partidos clásicos y fortalecidos, pero, a pesar de ello, la democracia mexicana sería conocida tal y como la vemos actualmente, con sus fallas, con un Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación medio sesgado, un Instituto Nacional Electoral endeble y partidos políticos metiendo sus colmillos para rescatar el presupuesto que obtienen del erario público.

El cambio de las juventudes, de las minorías y de los “nuevos grupos compactos” será hasta 2024. 2021 es tiempo de saber si el partido hegemónico seguirá en el poder o no; lo más probable es que sí, las vacunas son votos, los votos son curules y los curules son poder. Seremos lógicos, la pandemia le quita oportunidades a las nuevas generaciones de brillar, pero le dan una cachetada de guante blanco a todos los partidos de la necesidad real de crear nuevas estructuras juveniles, nuevos cuadros en favor del partido con vistas al futuro. Los viejos políticos se aferran a un 2021 porque saben que en 2024 su tiempo se ha acabado.