Fuente: PNUD

Coyote Global

El PNUD publicó un duro informe de América Latina como la región más desigual

Nicole Huerta Herbosch

25 de Junio de 2021

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó el martes 22 de junio, su reporte: “¿Atrapados? Desigualdad y crecimiento económico en América Latina y el Caribe”, en el que se analiza la relación entre estos fenómenos para buscar soluciones que encaminan a una mejor normalidad.

México se posicionó como uno de los países de América Latina con mayor desigualdad en la región, ello debido a que sólo 10% de la población concentra 59% de los ingresos del país, mientras que 1% agrupa 29% de los ingresos, plasmó el reciente informe del PNUD.

La pandemia del covid-19 golpeó de manera más abrasiva a los países de América Latina y el Caribe que al resto. Cerca del tercio de las muertes en el mundo por coronavirus las ha puesto la región, en donde también el impacto económico ha sido mayor, lo que exacerba los problemas estructurales.

Mientras que unos hablan de que la crisis hizo más evidente y mayúscula la brecha de la desigualdad, en sus distintas dimensiones, otros ven importante y necesario recuperar el crecimiento, la inversión y abrir nuevos espacios de productividad en la región.

En una conferencia de prensa Luis Felipe López-Calva, director Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dijo “Lo que queremos decir con este informe es que todas estas personas están hablando del mismo problema, y lo que necesitamos es sentarnos a la mesa y contar cada quien su parte de la historia para poner este rompecabezas junto y entender cuáles son las interacciones entre ellos”.

En la trampa del bajo crecimiento y productividad y alta desigualdad convergen otros factores, como lo es la concentración de poder por parte de grupos de mayor influencia, y esto lleva al uso de la violencia como un instrumento de negociación en lo económico, en lo político y abre espacios de ilegalidad.

“América Latina es la más violenta del mundo. La desigualdad fomenta la violencia en todas sus formas, afecta a los más vulnerables y perpetúa la desigualdad”, refirió Marcela Meléndez, economista en jefe del informe del PNUD.

Otro factor es la política de protección social y los marcos regulatorios de los mercados laborales, que pueden distorsionar aún más el problema, y que según López-Calva, esta puede ser una llave para romper la trampa, si se replantea que sea universal, incluyente y sostenible.

Pero la percepción de desigualdad puede ser parte del problema en el que estamos atrapados como región, a criterio de Meléndez, pues según cómo las personas perciban su situación con relación a acceso a salud, educación, empleo, entre otros, esto puede provocar o no malestar social.

Si ante esos problemas estructurales y puntos de vista desiguales no se reacciona y no se profundiza en soluciones concretas, y se trabaja en políticas más integrales la salida de la trampa se tornará difícil.

“Nuestra intención como PNUD es ahora aterrizar los principios de este informe a cada país, y veamos qué de lo que el informe dice puede ser útil para la salida en cada contexto específico”, señaló López-Calva.


Este informe aborda en cinco capítulos estos problemas estructurales que mantienen atrapada a la región:

I. ¿UNA REGIÓN ATRAPADA? DESIGUALDAD Y CRECIMIENTO

La región sigue siendo la segunda región más desigual del mundo, y los países tienen niveles de desigualdad más altos que los de otras regiones.

Acá las brechas de género en participación laboral y horas de trabajo no remunerado, dedicadas a actividades de cuidado, continúan poniendo a las mujeres en un campo de juego desigual. Por aparte, las minorías étnicas siguen rezagadas en el acceso a servicios básicos, incluida la atención en salud y la educación, y esto es un reflejo de esta disparidad.

Las múltiples crisis de la pandemia del covid-19 han pesado más sobre los que ya se habían quedado atrás.

En el ámbito de la Educación, los cambios hacia métodos remotos de enseñanza y aprendizaje han estado marcados por las disparidades preexistentes en el acceso a herramientas tecnológicas y académicas en el hogar. El nivel de escolaridad de las personas adultas sigue estando fuertemente determinado por el nivel de escolaridad de las madres y los padres. Es probable que el covid-19 refuerce aún más este patrón y la brecha se haga mayor.

II. ¿QUÉ PIENSA LA GENTE ACERCA DE LA DESIGUALDAD Y CÓMO CREEN QUE DEBERÍA SER LA RESPUESTA EN MATERIA DE POLÍTICAS?

La gente es muy consciente de lo desigual que es la región actualmente, muy alejada de la distribución deseada del ingreso. Esto va acompañado de percepciones generalizadas de injusticia, no solo en la distribución del ingreso sino también en el acceso a los servicios públicos y con respecto a las garantías legales.

Los datos de percepciones sugieren que en América Latina la mayoría piensa que la carga tributaria debería aumentar con los ingresos, con mayor apoyo a esta visión entre quienes piensan que están en el 20% inferior en contraste con el 20% superior, lo que plantea un desafío político inherente.


III. CONCENTRACIÓN DEL PODER ECONÓMICO Y POLÍTICO

La concentración de poder en manos de unos pocos que defienden el interés privado en lugar del bien común es uno de los factores que conectan la alta desigualdad y el bajo crecimiento, ya que a menudo resulta en políticas distorsionadas, miopes e ineficientes, y en instituciones débiles.

El informe también señala que los sistemas tributarios de la región no generan los ingresos necesarios para invertir en el desarrollo a través de la provisión de servicios y bienes públicos de calidad a la población. De hecho, los países de América Latina recaudan impuestos más bajos como porcentaje del PIB que los países con niveles similares de desarrollo o desigualdad y también tienen una proporción limitada de recaudo fiscal proveniente de impuestos sobre las rentas personales.

Latinoamérica destinó 4.6% del PIB en 2020 en ayudas para enfrentar la crisis económica
3 grandes riesgos que enfrentan quienes quieran hacer negocios en América Latina.

El 1% de los mexicanos más ricos concentra el 29% de toda la riqueza que hay en el país, convirtiendo a México en uno de los países más desiguales de todo el continente. Estos datos ponen a México al nivel de Chile y Brasil en cuanto a desigualdades socioeconómicas.


IV. LOS VÍNCULOS ENTRE VIOLENCIA, DESIGUALDAD Y PRODUCTIVIDAD

La violencia sigue siendo común para muchas personas en la región de América Latina y el Caribe. La región alberga solo al nueve por ciento de la población mundial, pero actualmente representa el 34 por ciento del total de muertes violentas.

Los países también luchan contra formas de violencia no letales, incluida la violencia sexual, los robos, el abuso policial y la trata de personas.

De hecho, la violencia o la amenaza de violencia se ha convertido en moneda de negociación entre actores estatales y no estatales en diversos contextos para alcanzar y sostener acuerdos, y es parte fundamental de la lucha por la distribución de recursos, derechos, oportunidades y poder en la región.

Si bien el Siglo XX se caracterizó en gran medida por patrones de violencia política, a principios de la década de 2000 la tendencia se inclinó más hacia el crimen organizado (principalmente asociado con grupos involucrados en actividades comerciales ilícitas o ilegales, como el tráfico de drogas). Sin embargo, la región aún lucha con la violencia política, que incluye protestas violentas, actos de violencia estatal como brutalidad policial, ejecuciones extrajudiciales y represión violenta de protestas, y violencia contra defensores de derechos humanos, activistas ambientales, políticos y periodistas.

La violencia social y doméstica también está muy extendida en la región y afecta especialmente a las mujeres y el feminicidio es un tema crítico en muchos países de la región.

V. ¿QUÉ TAN EFICACES SON LAS POLÍTICAS DE PROTECCIÓN SOCIAL?

Se han implementado muchas políticas en la región para abordar la desigualdad y la productividad con éxito limitado.

La estructura actual de protección social en la región (que comprende tanto la seguridad social como los programas de asistencia social) sigue estando fragmentada.

En la mayoría de los países hay más trabajadoras informales que pobres.

Por otro lado, la mayoría de los trabajadores pobres están en la informalidad. Si bien antes de la pandemia la informalidad en la región era alta, ahora lo es más.