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Nacional, Opinión

El Congreso de la Unión no es transparente

Ángel Enrique Dupuy

14/Enero/2021

Los diputados no le hacen caso a la Auditoría Superior de la Federación. En esta breve historia les contaré cómo el legislativo podría hacer lo posible para escuchar a sus representados y no solo al Presidente de la República y/o del partido.

Cuando los votantes eligen a sus representantes, dan a conocer sus necesidades como distrito, municipio o estado. Estos cambian a lo largo del tiempo y permiten reflejar tanto lo bueno como lo malo que los anteriores representantes hicieron. Pero, la problemática que ha reflejado México a lo largo de los años, es el vacío legal constitucional que impide la eficiente rendición de cuentas de forma vertical y horizontal del Congreso de la Unión y, aunada a ello, que los votantes no puedan premiar o castigar a los legisladores de las pasadas legislaturas.

Casar, Marván y Puente argumentan que para que exista una democracia eficiente se necesitan tres preceptos: el primero, que exista una oposición reconocida; el segundo, la liberalización del debate público y, finalmente, una rendición de cuentas (Casar et al., 2009: 2-4). Para este último, los autores dividen la rendición de cuentas de forma vertical y horizontal. En la primera, los votantes son quienes ejercen dicha rendición, ya que de ellos dependerá si le facilitan al legislador otro puesto de elección pública. Por ejemplo, si Tatiana Clouthier, actual diputada con licencia del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y secretaria de Economía, compite por la senaduría de Nuevo León para 2024, los representados de dicho estado le podrán otorgar el gane dependiendo de las actividades que ella hizo para su circunscripción.

En términos del “accountability” horizontal, deben de existir instituciones auditoras en donde se determine si los legisladores incurrieron en malversación de fondos o fueron corruptos. Sin embargo, estas solo funcionan cuando existe un fortalecimiento de las mismas y si hay autonomía.
Cuando la rendición de cuentas es vertical los legisladores tienen 3 vertientes que pueden seguir: la primera, ser una persona fiduciaria, es decir, que sea independiente del votante, del partido y que decidan lo que ellos crean mejor para sus representados. La segunda es ser “delegado”, en el cual tienen independencia del partido mas no de los votantes, estos deciden dependiendo las problemáticas de los representados y velando por una posible reelección-aceptación por parte de los ciudadanos. La última vertiente es la representación partidista, en donde los legisladores son independientes de los votantes pero tienen que seguir de facto las decisiones del partido si es que quieren seguir teniendo carrera política (Casar et al., 2009: 5-7).

Horizontalmente hablando, los legisladores dependen del interés político que tenga tanto el ejecutivo como la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) para hacer efectivas las sanciones en caso de faltas de fiscalización. Existen órganos de control interorgánicos como la Auditoría Superior de la Federación o intraorgánicos como la del control y fiscalización internos de la Cámara de Diputados que deben reportar situaciones irregulares que existan con el sistema legislativo mexicano. La problemática se da cuando los mismos legisladores no tienen incentivos para seguir las reglas.

Dicha cuestión existe desde 1824, cuando existía un “Congreso fiscalizador pero no fiscalizable”. Para 1917 se obtuvo dicho contrapeso, pero para 1936 la Ley Orgánica de la Contaduría Mayor de Hacienda le puso un revés al poder que tenía el legislativo para hacer rendir cuentas a los imputados. Desde ese momento y hasta la actualidad, el legislativo se ajusta al ejecutivo si es que quiere seguir en puestos de elección popular –representación partidista-, dado que en caso de que un diputado o senador no esté de acuerdo con las decisiones de su coordinador y/o bancada, es probable que en su partido no le den el “espaldarazo” para continuar con su vida política en puestos de elección popular (Casar et al., 2009: 16-18).

Ahora, cuando un régimen es presidencialista, dígase que el ejecutivo es líder del partido, el partido es disciplinado, se basa en el centralismo y tiene mayorías calificadas en el Congreso de la Unión, las decisiones se toman desde Palacio Nacional o Los Pinos y ni siquiera el legislativo funciona como contrapeso de las decisiones presidenciales, sino como un aprobador absoluto de las mismas. La fiscalización se torna irrelevante y prefieren no tocar el tema antes que perder las ganancias que les deja el Congreso.

¿Qué pasa cuando no existe una mayoría calificada del partido oficialista en el legislativo? Después de las reformas político-administrativas y electorales de 1976 y 1978, la oposición logró ser parte de las decisiones que involucraban al poder legislativo y, en 1997, el partido en el poder perdió la mayoría del Congreso. A partir de ese momento los partidos oficialistas tienen que buscar la forma de tener poder de negociación y así lograr pasar sus propuestas. La rendición de cuentas fue puesta en el debate y tuvo como resultado la creación de la Auditoría Superior de la Federación -ASF- y el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos -IFAI- (Casar et al., 2009: 18-19).

Este poder de negociación del partido oficialista no se logra de la noche a la mañana e inclusive se tiene que sacrificar parcialmente la forma en que el ejecutivo pensaba las reformas para poder tener un consenso en el legislativo. Merino y Zarkin explican que, en la presidencia de Enrique Peña Nieto (2012-2018), el ejecutivo tuvo que hacer alianzas estratégicas con los partidos de la oposición si es que quería pasar la reforma energética y educativa que los legisladores no estaban dispuestos a aprobar si no había incentivos de por medio. Fue así que nació el “Pacto por México”, en donde los dirigentes de los partidos opositores del Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), además del partido oficial, el Partido Revolucionario Institucional, acordaron las negociaciones para aprobar las reformas estructurales de dicho sexenio (Merino y Zarkin, 2014).

El problema fue que por pasar las iniciativas del ejecutivo en el poder legislativo, los diputados no pasaron las suyas, ya que no tenían incentivos para no cooperar con el mandatario del país. En la LXII legislatura, de las 2 mil 294 iniciativas presentadas en la Cámara de diputados, 79 fueron aprobadas y las demás se fueron a la congeladora. Pero, cuando se habla de las iniciativas presidenciales, de esas 79, cincuenta eran de Enrique Peña Nieto, es decir, que solo 29 iniciativas de los diputados se aprobaron (Merino y Zarkin, 2014).

En 2014 el PAN y el PRD sólo pudieron aprobar el 1% de sus iniciativas y el PT ninguna. Fue por ello que Merino y Zarkin explican que el Pacto con México sólo dejó a un electorado excluido, esperanzado de que las decisiones que tomaran en el Congreso de la Unión fueran benéficas para ellos mas no esperando que tomaran la batuta para velar por los intereses de los representados (Merino y Zarkin, 2014). Los incentivos de los legisladores para ser independientes de su partido eran nulos contando el “pacto” que hicieron los dirigentes de los mismos y, por antonomasia, los coordinadores de su bancada con el ejecutivo.

La rendición de cuentas, por su parte, no era eficiente tanto en el pasado como en dichos momentos, dado que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM) no sanciona a los legisladores en caso de no hacer en tiempo y forma sus actividades. El artículo 74, fracción IV de la CPEUM establece que a más tardar el 15 de noviembre de cada año la cámara baja deberá aprobar el presupuesto de egresos de la nación, pero no existe ninguna sanción si no se hace. Dicho lo anterior, entre 1998 y 2005, los diputados aprobaron el presupuesto días después de la fecha límite y ni el ejecutivo o la Suprema Corte de Justicia de la Nación les hizo valer alguna sanción por tal acción (Casar et al., 2009: 22-23).

Cuando hablamos de desafueros o juicios políticos, si no existe voluntad política por parte del partido mayoritario o de la JUCOPO, no hay forma de que alguien que haga un acto ilícito, malverse fondos o mienta en sus declaraciones llegue a pisar la cárcel. Para que exista un desafuero se necesita la mayoría calificada en el pleno de donde sea el legislador y, para un juicio político, el Senado, en caso de que los diputados aprueben por mayoría absoluta el juicio para un servidor público, deberá tener una opinión política colectiva para decidir si los cargos que se le imputan son suscritos o denegados. La ASF informa a la Cámara de Diputados de su trabajo anualmente, pero estos llegan a revisarlas 6 años más tarde y nadie argumenta el por qué dicha acción es negativa (Casar et al., 2009: 25-45).

El tener órganos de control autónomos y una “pseudo” rendición de cuentas de los legisladores no funciona porque en la CPEUM no existe ningún contrapeso que incentive a los políticos a seguir las reglas. Saben que, a menos que exista voluntad política de las fuerzas mayoritarias en el Congreso, ellos tendrían consecuencias en sus actos. Mientras tanto, el legislativo no será transparente y, en muchos casos, la democracia puede ser dañada o dejar de ser eficiente para los representados. Hasta el 2021 que se permitirá la reelección instantánea del legislativo, los votantes pueden ser los verdugos o los ángeles de los diputados locales y federales que quieran seguir en el puesto, dado que la rendición de cuentas ahora sí podrá ser vertical. El legislativo visualizará dos veces los dados, antes de tirarlos y, probablemente, los diputados se convertirán en “delegados” antes que en representantes de sus partidos.

Referencias
Casar, María Amparo, Ignacio Marván, and Khemvirg Puente. 2009. “A Quién Le Rinde Cuentas El Poder Legislativo En México?”. 1st ed. México: CIDE.
Merino, José, and Jessica Zarkin. 2014. "Eficacia Y Democracia: La Reconcentración Del Poder En México - Animal Político". Animal Político. https://www.animalpolitico.com/salir-de-dudas/eficacia-y-democracia-la-reconcentracion-del-poder-en-mexico/#axzz3C4EGCo2n.

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