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Bienestar, Opinión

El ‘home office’ en tiempos de Covid

Tess Vázquez

14/Abril/2021

Para muchos trabajar desde casa resultó como un alivio, pero para otros se ha convertido en lo peor que les ha podido pasar.

Todos podemos recordar marzo de 2020, en mi caso particular el viernes 13 de ese mes. Esa fecha sería la que cambiaría la vida como la conocía y que me recluiría a un entorno cerrado con mi familia, donde la única posibilidad de contacto humano era mi computadora o mi celular. Hoy, ya celebramos nuestro primer “covianiversario” (¡felicidades a todos!) y dado al alto flujo de vacacionistas esta Semana Santa, pinta para que estaremos encerrados todavía un rato más. Desafortunadamente para algunos, como yo, que nos encantaría poder regresar a nuestras rutinas habituales, cada vez resulta más y más difícil el sostener una vida balanceada entre trabajo, escuelas, familias, amigos, cuidado personal y relaciones de pareja desde la “comodidad” de nuestras casas.

Se han hecho virales miles de videos donde aparecen todo tipo de profesionistas siendo photobumpeados por sus hijos chiquitos, parejas, mascotas, etc. ¿Por qué suceden estas cosas? Porque la esfera laboral pasó hoy a ser aún más invasiva de lo que resultaba en tiempos pre pandemia. Todos llegamos a conocer los casos donde nuestros papás o incluso nosotros mismos nos llevábamos trabajo a casa porque teníamos una entrega importante, pero hoy en día es como si viviéramos en un loop infinito de esa entrega. Debemos entender que no es posible trasladar la oficina al 100% a nuestras casas ya que nos enfrentamos a condiciones que han exacerbado los niveles de estrés y ansiedad al encontrarnos recluidos desde hace ya más de un año.

Recordemos que en estos últimos años, el tema de la salud mental ha cobrado relevancia dado que afecta nuestro desempeño en todos los ámbitos de nuestra vida y es importante hacer del conocimiento de nuestros empleadores y/o compañeros de trabajo que existe una línea que no debemos cruzar aún cuando, literalmente, estemos durmiendo en nuestra “oficina” hasta nuevo aviso.

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Fuente: El Economista

Ahora hablemos de afectaciones concretas. El primer elemento que fue sumamente notorio con la pandemia, fue la cantidad de despidos que han sido recurrentes en estas fechas. Según datos de La Jornada, el desempleo ha aumentado en un 31.3% a lo largo de 2020, podemos ver que la crisis económica derivada del mal control sanitario que hemos tenido en el país, pudo derivar en un aumento en este porcentaje. Las principales afectadas del desempleo han sido las personas que pertenecían a sectores como restauranteros, hoteleros (turismo en general), educación y oferta recreativa. Si sumamos a esto que restringe nuestras opciones disponibles para distracciones o tiempo de ocio aun en tiempo de pandemia, tienes un montón de ciudadanos encerrados que o son desempleados o están en un peligro constante de serlo y que tienen cero opciones de desahogo de estrés al ver convertido su espacio familiar y/o personal en una oficina 24/7 que además en ciertos casos sirve de escuela, taller y gimnasio al mismo tiempo.

Si bien todos buscamos reducir al mínimo la exposición al virus mortal que nos atormenta desde hace meses, es cierto que nos sometemos a altas cargas de estrés ahora traducidos a un multitask forzoso en casa.

Hablaré de mi experiencia personal, yo me encontraba perfectamente bien en mi rutina todos los días en la universidad, con espacios para mis hobbies y básicamente tiempo para mí. Ahora con el trabajo y la convivencia familiar incesante son cada vez menores los tiempos que tenemos para aprovechar lo que sería él simplemente estar a gusto consigo mismo en nuestra rutina. Por ejemplo, cosas tan simples como compartir áreas de trabajo/escuela, dadas las limitaciones que implica el todos ser dependientes a una señal de internet, hacen que no sólo se requiera un proceso de adaptación constante a transformar tu casa en oficina, sino que ahora tienes coworkers haciendo cosas separadas a lo que acostumbrabas, que pueden llegar a meter distracciones o modificaciones a tus formas de trabajo sin intención, que suman al estrés de que por cualquier mínima variante se vea comprometida nuestra productividad laboral en un momento donde todo es incierto.

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Imagen tomada del gaceta.unam.mx

Ahora abordemos el tema de los derechos laborales. Hace unos meses AL FIN se buscó proporcionar una opción al home office dentro de la propia Ley Federal del Trabajo incluyó en su capítulo XII Bis opciones para hacer esta adaptación más llevadera y SOBRETODO que nuestros jefes no piensen que somos máquinas disponibles 24/7. El primer punto a resaltar sobre esto es que es necesario conocer nuestros derechos para poder protegernos de cualquier situación que nos pudiera dar una experiencia desfavorable en el trabajo, ya hablamos de las distracciones extras, ahora hablemos de los límites patronales. Primero es conocer que aunque estemos trabajando de manera remota, contamos con los mismos derechos que cuando éramos empleados de manera tradicional por lo que persiste la obligación del patrón de contar con un contrato firmado donde se establezcan claramente cuáles serán nuestras responsabilidades, derechos, prestaciones y que se otorguen en tiempo y forma.

Asimismo, lo que más ha costado trabajo es limitar las horas que pasamos viendo pendientes de trabajo frente al monitor. Es sumamente común que las personas, en el ámbito presencial, ya se excederían de las 8 horas laborables, pero ¿qué pasa cuando ya no tienes que desplazarte al lugar de trabajo hasta tu oficina?, ¿qué pasa si ya no te despegas del monitor ni para comer? Cuando nosotros mismos no ponemos límites al trabajo es sumamente probable que nuestros jefes comiencen a darnos más y más proyectos, ya sea en fin de semana o altas horas de la noche porque ¿a dónde más podríamos ir?

Recordemos que más que parte de una empresa somos personas que ahora comparten responsabilidades en casa a la par que con las laborales por lo que es menester pintar nuestra línea. Nuestra nueva ley justamente nos otorga el mecanismo para que esto sea viable: el derecho a la desconexión. Manuel Baldenebro, presidente de la Comisión del Trabajo y Previsión Social de la Cámara de Diputados, dijo para El Economista: “El artículo 330-E de la LFT dice ahora que la parte patronal está obligada a respetar el derecho del personal a desconectarse. “No podrán pedirle ni trabajo ni sugerencias fuera del horario laboral. Si intenta sancionarles, los trabajadores cuentan con pruebas para protegerse: el correo o la llamada registrados a una hora que ya no corresponde”.

Otro beneficio es que al ser tu casa tu nueva oficina/escuela/todolodemásqueaplique, el patrón tiene la obligación de otorgar una partida que cubra los costos parciales de luz e internet dando la ilusión de que sería más justo el reparto.

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Imagen de docusign.mx

Ya que comente los beneficios, es importante analizar como individuos qué tanto estamos dando o sacrificando de nuestro espacio personal y cediendo a nuestras empresas. México ha sido catalogado como uno de aquellos países donde se trabaja más horas, pero no necesariamente se ve reflejado en beneficios. En estos tiempos, donde ya compartimos tiempos con todo y todos, es muy importante delimitar nuestros momentos para la oficina, lo personal y el ocio. Recordemos que la mayor causa de muerte en adultos deriva de enfermedades que tienen relación directa con estrés (sobre todo ataques al corazón), por lo que si no queremos ser el caso atípico de personas de 20 años que estudian, trabajan y son parte de una familia que muere prematuramente por un ataque al corazón o que desarrolla trastornos severos de ansiedad, es importante que nos tomemos en serio que la delimitación y exigencia de derechos en el trabajo, aun en homeoffice, es aquello que nos ayudarán a no desarrollar problemas más graves con secuelas a posteridad.

La salud mental y nuestras relaciones personales parecerían no ser una cuestión relevante en las metas que tenemos como individuos y que tampoco tienen relación con el desempeño en la oficina. Sin embargo, somos seres multifacéticos donde si un área de nuestra vida colapsa, ponemos en riesgo las demás. Son tiempos sumamente inciertos, de altos niveles de exigencia, pero que no por eso deben comprometernos como individuos ni hacernos sacrificar aquello que amamos por no quedar mal con el jefe. Es nuestro deber poder garantizar que los espacios de trabajo sean lugares seguros para todos, en el entendido que la integridad de los trabajadores importa aun cuando ellos puedan trabajar desde la comodidad de su sala, cama o sillón favorito. Nuestros derechos no dependen del lugar físico en el que prestemos nuestros servicios, sino del valor agregado que damos como profesionistas a las empresas donde laboramos.