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Foto obtenida en: ALJAZEERA Farouk Batiche/AFP.

Coyote Global

Crisis silenciosas

José Shaddai Olvera

22/Enero/2021

Trump reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio del pueblo saharaui, ¿será que Biden revierta tal medida? Y ¿Qué secreto guarda esta región para que exista un silencio absoluto?

Existen crisis en las que pareciera que dominan los silencios obligatorios, enmascarados en medio de una danza con una melodía que anuncia futuras condenas y que al final muestran rostros intransigentes con una sonrisa dura a falta de la comprensión de las emociones humanas. Aquellos silencios obligados pronto se volverán comunicados nacionales e internacionales en busca de calmar a una población que, obligada a la mentira, tendrá que obligarse a la memoria del bien estar de un día para otro. Tal vez esté exagerando, pero existen pueblos que viven en aquella realidad donde la libertad y el bienestar son solo memoria.

El pueblo Saharaui a los ojos de la comunidad internacional son considerados de los últimos grandes pueblos sin estado en el mundo. Su territorio, el Sahara occidental, es el desierto más grande que pertenece a los 17 territorios no autónomos reconocidos por el Comité Especial para la Descolonización de las Naciones Unidas. Su idioma es el hasanía, una lengua con raíces del árabe, sin embargo, bajo su condición como colonia española durante las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX, terminaron por adoptar el idioma español.

Durante la condición del Sahara Occidental como colonia, en 1947, se descubrieron los primeros yacimientos de fosfatos, por lo que España bajo el régimen de Francisco Franco se dedicó a invertir en infraestructura para su explotación. La mina de Bucraa, una de las más grandes del mundo, terminó por atraer el interés global en esta región en 1963.
Para 1976 debido a la crisis terminal del franquismo, España ve insostenible mantener sus dominios coloniales, por lo que se compromete a abandonar completamente el territorio del Sahara. Sin embargo, España nunca impulsó la descolonización del pueblo saharaui, ni formalizó la anulación de su condición de potencia administradora colonialista sobre el Sahara Occidental ante las Naciones Unidas, dejando un profundo problema jurídico y político que perdura hasta nuestros días.

En la actualidad Marruecos controla mediante la ocupación militar parte del territorio del Sahara Occidental manteniendo un alto al fuego con la resistencia del pueblo saharaui.
Estados Unidos desde un principio ha apoyado esta ocupación, incluso reflejándose en una de las últimas acciones de Trump como presidente al reconocer la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental e incluso firmar contratos armamentísticos y todo esto a cambio del establecimiento de relaciones diplomáticas de Marruecos con Israel, convirtiendo de este modo a los Estados Unido como el único país occidental en reconocer a Marruecos sobre el territorio saharaui.

La acción de Trump pareciera ser un atrevimiento que ningún otro presidente se había animado a hacer y otorgando un fuerte desaire a la resolución de la ONU con respecto al territorio. Queda en manos ahora del presidente Biden decidir si revierte la medida, una decisión que podría desmentir tal interés en violar el reclamo de existencia del pueblo saharaui y que además podría colapsar el plan de normalizar las relaciones entre Israel y Marruecos.


¿Pero por qué es tan importante esta región del mundo?

En esta región se encuentran tres cuartas partes de las reservas mundiales de fosfato que quedan en el mundo, por lo que Marruecos podría tener un monopolio que haría parecer al petróleo insignificante en comparación.

El fósforo, es un requisito no negociable para la vida. Este elemento químico es la piedra angular del ADN, forma parte de la molécula de ATP, esencial para la obtención de energía, forma parte de huesos y dientes, además de jugar un importante papel dentro de distintos ecosistemas ya que regula el crecimiento de las plantas.

Si nos centramos en la industria de la alimentación, el fósforo es esencial para producir fertilizantes para los cultivos, por lo que tiene un importante papel en la alimentación de la población mundial, la cual se ha triplicado desde 1945, por lo que existe una mayor demanda en el consumo de alimentos que al mismo tiempo requieren ser producidos por una agricultura donde la ausencia de este elemento en los suelos no es una opción viable.
La alta demanda de alimentos ha provocado el uso excesivo de este elemento, derivando en la creación de zonas muertas traducidas como la contaminación de ríos y mares. Estas zonas se crean debido a este exceso de suministro de fósforo en los suelos, el cual se filtra hacia las aguas subterráneas que terminan por encontrar salida en ríos, lagos y mares. Las algas aprovechan este elemento como nutriente para aumentar su población, al morir proporcionan un festín para microbios, que a su vez se multiplican y consumen más oxígeno y al haber menos oxígeno el resto de los organismos perecen.

Por otro lado, el fósforo a pesar de ser un elemento esencial en el sostén de la vida es escaso y limitado; por lo que algunos científicos han estimado que podría agotarse en un periodo de 50 a 100 años; además de que no se puede producir de manera artificial.
Por esta razón, el dominio de este recurso se ha vuelto en una cuestión más allá de lo económico.