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Cultura

Cerveza, la industria que solía ser dominada por mujeres

Ayesha Gurría

12/Marzo/2021

Una difamación de le Inquisición convirtió la fabricación de cerveza en una industria masculina cuando pertenecía a las mujeres, sólo por que se creían brujas.

La historia de la cerveza está plagada de brujas. Las mujeres fueron las primeras en desarrollar los conocimientos para desarrollar una bebida alcohólica, esta fue preparada para fines religiosos, festivos o de ocio. Pero la industria las quitó del camino.

Es bien sabido que, incluso desde el esplendor del Antiguo Egipto, eran las sacerdotisas del imperio quienes elaboraban bebidas alcohólicas para acompañar las ceremonias y ritos religiosos. Esta vieja costumbre también se aprecia en la cultura vikinga, en la que las mujeres estaban encargadas de producir alimentos que calentaran el cuerpo.

En lugar de producirse industrialmente con fines comerciales, como se hace actualmente, se trataba de una tradición que formaba parte de las actividades diarias del hogar. Durante el siglo XVI se marcó un cambio radical cuando se borró del mapa a la mujer.

No es cosa extraña que las mujeres sean destituidas de sus trayectorias de creación e investigación. Muchos son los casos de científicas a quienes sus inventos les fueron robados, para que otros hombres salieran victoriosos, declarando la autoría de esas aportaciones.

Mismo es el caso de la cerveza. Como era fácil de hacer, se producía y vendía directamente en los mercados. Esta industria estaba liderada indiscutiblemente por mujeres, quienes históricamente habían perfeccionado la receta.

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Fueron tachadas de brujas debido a que tenían sombreros puntiagudos y escobas, usadas para mantener limpios los locales. Generalmente se las encontraba paradas frente a calderos de dimensiones considerables, en los que fermentaban la cebada para producir cerveza. Muchas veces, incluso, no necesitaban de un hombre para mantenerse: lo hacían por ellas mismas.

La función de los sombreros puntiagudos estaba clara: las cerveceras querían hacerse notar entre el tumulto de los mercados. De esta manera, sus clientes podrían identificarlas con facilidad, y comprar la bebida directamente de su calderos, recién hecha. También se les veía con gatos generalmente, para ahuyentar a los ratones de sus locales.

Esta vestimenta fue rápidamente satanizada y demonizaba cualquier función social que tenía mujer que se saliera fuera los parámetros de la Iglesia. El hecho de que las mujeres pudieran ser comerciantes y llevar las finanzas de los hogares sencillamente rebasaba el entendimiento de la Iglesia. Por esta razón, tan pronto como ganó fuerza en Europa, el catolicismo satanizó y asesinó a cuanta emprendedora se encontrara fuera de su concepción de mujer.

La condena de brujería implicaba tortura y muerte. Las mujeres tuvieron que abandonar la industria, que fue tomada por hombres a la fuerza. Muy pronto, incluso, verlas beber el mismo producto que habían pergeñado se consideraba como un pecado —y el estereotipo de bruja se afianzó en el imaginario colectivo occidental.