top of page

Retrato de la Emperatriz Carlota de México / Franz Xaver Winterhalter, óleo sobre tela, 1864

Cultura, Historia

Carlota la mujer que gobernó México

Rodrigo Castañeda

14 de Julio de 2021

La imagen que todo mexicano mantiene de la emperatriz Carlota, está contenida en el enorme lienzo que ahora cuelga en el Castillo de Chapultepec, inmortalizada a través de la historia. Su corta estadía en México, así como su enorme entrega al proyecto que dispuso, han sido razón suficiente para que aún hoy en día permanezca en la memoria del pueblo con cariño. Pero independiente a eso, la mayoría ignora que ocupó un puesto importante en la política mexicana, de la mano de su enorme intención por apoyar al pueblo que acogió como suyo.

Maria Carlota Amelia llegó al mundo como princesa de Bélgica, hija del rey Leopoldo I de Bélgica. Emparentada con las mejores familias reales, la emperatriz de México podía presumir de un árbol genealógico intachable.

Desde su nacimiento la princesa se vio rodeada de una excelente educación, supervisada por su padre, rica en historia, política, filosofía, artes, matemáticas, a la par de los deberes religiosos acordes a la época.

Aparte de esto, la emperatriz recibió una enorme educación en idiomas, hablaba con fluidez el francés (lengua materna), alemán, italiano, inglés y español, (aprendió el náhuatl el tiempo que estuvo en México) lo que la convertía en una excelente políglota.

Desde su infancia la vida de Carlota estuvo marcada por la disciplina que conlleva ser la hija de un rey, cuyo objetivo era preparar a sus hijos para desempeñar roles importantes en el mundo, educada junto a dos hermanos varones, la joven princesa se preparaba para algo grande.

La Emperatriz Carlota. / J. Malovich, Trieste. 1864. Colección de Rodrigo Castañeda Montoya.


Carlota contrajo matrimonio en 1857 con el archiduque Maximiliano de Habsburgo, hermano menor del emperador Francisco José de Austria. El matrimonio se celebró en Bruselas, la capital del imperio belga que había visto crecer a la princesa.

Carlota admiró profundamente al archiduque y jugó un papel decisivo en el futuro de la pareja imperial.

En un principio el matrimonio recibió a su cargo el virreinato de Lombardo-Veneto, provincias italianas pertenecientes a Austria en aquel entonces.

Ambos pasaron lo que Carlota recordó más tarde como “los mejores años de nuestras vidas.” Ejercieron el cargo con entusiasmo hasta 1859, cuando la coyuntura política europea y los separatistas lograron la independencia de estas colonias.

Ambos volvieron al castillo de Miramar en Trieste, construido sobre un peñasco a la orilla del Mar Adriático, este lugar sería fácilmente la inspiración para cualquier cuento de hadas.

Castillo de Miramar, Trieste, Italia. / Fotografía: Juan Manuel Salas, 2018

Es aquí donde la historia tomó un giro por completo, en México la inestabilidad política es evidente, por lo que Francia, aunado a intereses propios, decide invadir el país al enviar un ejército de intervención e instaurar un imperio.

Maximiliano y Carlota tomaron la Corona cuando se les ofreció y es esta última quien tiene un papel decisivo en la toma de poder. Napoleón III, emperador de los franceses, les planteó un escenario utópico, protegidos por su ejército, se comprometió a apoyarlos hasta que el proyecto se concretara por completo.


Francisco José por su parte dió su negativa al nuevo imperio, obligando a Maximiliano a renunciar a sus derechos en la línea de sucesión.

La decisión está tomada, es Carlota quien más adelante dijo:
“Éramos demasiado jóvenes para no hacer nada, [...] prefiero por mi parte un puesto que ofrezca actividades, incluso si usted quiere, dificultades, a contemplar el mar sobre una roca hasta los setenta años. He ahí lo que dejé y he aquí lo que tengo. Ahora pruebe la balanza y no se sorprenda más de que ame a México.”

Retrato de la Emperatriz Carlota. / Santiago Rebull Gordillo, pintor de cámara del Emperador Maximiliano, óleo sobre tela, 1865, Colección Particular


Desde su llegada a México, Carlota se mostró optimista, se interesó por las causas sociales, así como su marido. Inmediatamente buscaron brindar paz al país inestable con el que se encontraron, víctima de los gobiernos anteriores.

Maximiliano diseñó un plan de gobierno así como una corte, donde planeó impulsar los avances tecnológicos y geopolíticos del país, algunos de sus primeros decretos incluyeron la eliminación de los monopolios en tiendas de raya y deudas hereditarias, la reducción de la jornada laboral, la abolición del trabajo infantil, y la prohibición de castigos físicos (decretos cancelados después de la caída del imperio, por orden el gobierno de Benito Juárez) de esta misma forma aceptó la separación del gobierno de la iglesia, rectificando las leyes de Reforma.

Por su parte, la Emperatriz Carlota no se hace esperar, durante las ausencias de su esposo presidió el Consejo de Ministros con incluso menos paciencia y mayor seguridad que su marido, aprobaba decretos, formulaba leyes y aprobaba publicaciones. Con la misma tenacidad ocupó la regencia, cuando fue necesario, es decir quedó al frente del gobierno en el país, en más de una ocasión.

Durante este tiempo Carlota dirigió todo con inteligencia y reflexión, recibió informes semanales de la situación política y la seguridad pública, dedicó incluso sus domingos para tomar audiencias y presidir comandos militares.

Con este mismo entusiasmo tomó en sus manos los asuntos de asistencia y educación, bajo su nombre se fundan escuelas que visitaba regularmente, supervisando ella misma los programas de estudio, fundando instituciones y hospitales las cuales dotaba de capital, visitando hospicios, asilos y utilizando recursos propios para ello, la beneficencia y la educación alcanzó un desarrollo nunca antes visto en la historia del país.

El ángel cubre a la Emperatriz con el misericordioso velo de la locura. / Reprografía, Autor desconocido, 1867, Colección de Rodrigo Castañeda Montoya


Lamentablemente el emperador de los franceses Napoleón III, decidió por cuenta propia terminar la aventura mexicana, incumpliendo lo prometido a los soberanos, la presión de los Estados Unidos quienes veían con malos ojos la presencia de un emperador europeo en el país vecino, obligó en buena parte a las cortes europeas a mantenerse alejadas de la situación.

De esta forma la Emperatriz Carlota, utilizó su última carta, tomando la decisión de salir a Europa en julio de 1866 con la intención de negociar en persona con Napoleón y buscar la ayuda del Vaticano. De esta forma la emperatriz se convirtió en el primer gobernante en realizar un viaje de estado al exterior en la historia del país.

Tristemente sus intenciones no fueron suficientes para convencer al emperador francés, ni para conseguir la ayuda del clero. En Roma la emperatriz fue diagnosticada con una afección en el cerebro, lo que la imposibilitaba de cualquier cosa.

Carlota falleció sesenta años después que Maximiliano, en 1927, nunca olvidó a México, aún en su estado, escribía cartas dirigidas a su marido, mantenía conversaciones sobre sus días en México, tocaba el himno imperial mexicano, recordaba los viajes al interior del país y a las personas que conoció.

Siempre creyó que regresaría a gobernar, y hasta el último día de su vida mantuvo consigo una pequeña bandera mexicana en su mesa de noche.

“Recordadle al universo, al hermoso extranjero de cabellos rubios. Dios quiera que se nos recuerde con tristeza, pero sin odio.”
Últimas palabras de la emperatriz murmuradas en su lecho de muerte.

bottom of page