Cultura

Así es la vida: Un relato que va más allá de la pantalla

Gustavo Álvarez

24/Octubre/2020

Una película que cumple 20 años de su estreno, pero que no se aleja del presente.

Arturo Ripstein, en su basta filmografía, se ha encargado de llevar a la pantalla grande historias propositivas que, más allá del entretenimiento, buscan mostrar una problemática, ya sea de manera expositiva u observacional. Desde La Calle de la Amargura (2015) o Profundo Carmesí (1996), hasta El Lugar sin Límites (1978) y El Castillo de la Pureza (1972) se aprecia su característico estilo donde plasma situaciones que en la actualidad pueden retomarse.

En esta lista se inscribe Así es la vida (2000) protagonizada por Patricia Reyes Spíndola, Arcelia Ramírez, Luis Felipe Tovar, Ernesto Yáñes y Marta Aura; escrita y adaptada por Paz Alicia Garciadiego y musicalizada por David Mansfiel y Leoncio Bon Lara. La cinta es una producción entre México, España y Francia que retoma la tragedia de Medea, escrita por Eurípides. La historia se concentra en Laura (Arcelia Ramírez) y el sufrimiento que le ha provocado el abandono de su pareja Nicolás (Luis Felipe Tovar), lo que desencadenará una serie de eventos desafortunados y le abrirán paso a un final funesto. Un drama en toda la extensión de la palabra que se convierte en un relato que va más allá de la pantalla.

Durante toda la película el empleo de la cámara en mano es coherente por cómo nos implementan en la historia. Tu eres un personaje más que no influye con el curso de la línea narrativa, pero te conviertes en parte del mundo de Laura. Y es que no es casualidad, el hecho que sea adaptación de un texto dramático, pensado para concebirse como una representación teatral, hace que diferentes recursos, propios de una representación, se mantengan a lo largo de la cinta. La constante ruptura de la cuarta pared y los planos secuencia nos mete de lleno en la historia como un testigo más de los pensamientos y acciones de los personajes. En este punto, el montaje apoya la idea de que estamos en una obra, los lentos fundidos a negro recuerdan a los cambios de escena, cuando es momento de modificar la escenografía y seguir con la representación.


Es interesante ver como, además, y a pesar de ser un drama, artífices propias de la comedia griega antigua; como la parábasis, donde los actores salen del escenario y solo quedan los miembros del coro para dirigirse al público, son también agregados y funcionan como válvulas de presurización en donde, como espectador y personaje, se proporciona un respiro asonante al ritmo natural de la historia sin dejar de poner atención a esta. Aquí la música no solo existe incidentalmente. Mediante simples baladas, interpretadas por el cuarteto de Anselmo Fuentes entre algunas escenas, se termina de dejar claro el sentir de la situación y la experiencia de no solamente estar viendo una película sino una obra en donde su ritmo lo controla tanto el tratamiento visual como el sonoro. Es de resaltar el trabajo de David Mansfiel y Leoncio Bon Lara, que han trabajado en películas como El Siciliano (1987) y La Virgen de la Lujuria (2002), respectivamente.

Todo esto se concentra en la adaptación de Paz Alicia Garciadiego donde, de manera muy seria y real, se acondicionan problemáticas actuales que siguen vigentes y que trabajan dualmente con la obra original. Desde la violencia intrafamiliar y el sexismo, hasta la falta de recursos y el abandono. La historia nos lleva a un final que nos hace decir -Así es la vida.

La película se puede disfrutar en el servicio de streaming FilminLatino.