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Bienestar, Estilo de Vida

Amar: sentimiento o elección

Andrea Mújica

4 de Mayo de 2021

Seguramente te has planteado si el amor es algo que simplemente nos pasa, un sentimiento indeseado para algunos y anhelado por otros. O si cabe la posibilidad de que elegimos amar a alguien.

Si hacemos una rápida búsqueda en internet, podremos encontrar diferentes etapas del amor según quien lo diga, hay personas que lo dividen en 7 etapas, otras en 4 o en 5, pero aquí vamos a dividir el amor en 3 grandes grupos: La atracción física, el enamoramiento y el amor maduro.

La atracción es una de las cosas más divertidas que nos pueden pasar, porque es fugaz, así como viene se va y es la típica historia de cuando vas en el metro, ves a alguien guapísimo, se echan unas miraditas e incluso se sonríen un poco y así es como tienes esa pequeña historia de amor que se sube en Isabel la Católica y se baja en Chapultepec.

El enamoramiento puede ser un poco más complicado, porque así como no elegimos—por lo menos conscientemente—quién nos atrae, tampoco elegimos de quien nos enamoramos. Cuando el sentimiento solo es de un lado, el enamoramiento se puede tornar en sufrimiento o incluso en obsesión. Pero si tenemos la suerte de enamorarnos de alguien y que esa persona también se enamore de nosotros, sentiremos una euforia increíble, tendremos maripositas en el estómago, nos echaremos un poco más de perfume en la mañana, cantaremos camino a la escuela o al trabajo, contamos los segundos que faltan para ver a esa persona especial y cuando lo veamos, pensaremos que es la persona más perfecta de este mundo.

Antes de llegar al amor maduro, es preciso recordar que aunque todos tenemos diferentes conceptos del amor, lo único en lo que debemos confiar y en lo que todos deberíamos coincidir es que el amor no duele. Si el amor duele, quema, raspa, ahoga, arde, lastima, encarcela o atormenta entonces podemos estar seguros de que no es amor. Esto no quiere decir que si tu pareja hizo algo que te lastimó e hizo sentir mal, entonces eso significa que no se aman; porque todos somos seres humanos con la posibilidad de equivocarnos y, por ende, lastimar.

El amor maduro tiene una pequeña pero significativa diferencia de las otras dos etapas del amor y es que esta etapa si se elige conscientemente, se elige cada segundo, de cada minuto, de cada día. Se elige ver a la persona como un todo, no solo lo que conviene, no solo lo que gusta, no solo lo que acomoda y no solo lo que el otro te quiere mostrar; y también se elige aceptar y quedarse con ese todo sin exigir un cambio.

Y claro, darse cuenta de quién es la persona con la que estás es difícil, porque requiere de compromiso, requiere de una pérdida de la idealización que habías hecho de esa persona y, en palabras de Freud, también requiere de una renuncia al narcisismo, por ello muchas parejas se separan en este punto. Pero en el momento en el que descubres y realmente ves a tu pareja como lo que es, un individuo complejo, con una historia, con ideas, sentimientos, pensamientos ajenos a los tuyos y tomas la decisión de aceptarlo, amar se vuelve un placer y se vuelve sencillo incluso cuando no lo parece.

Por último, amar tampoco significa aguantar todo, porque es válido si no se logran unir los pensamientos, ideales, vidas, deseos, esperanzas, creencias, sueños, planes, etc. Hay que ser lo suficientemente valientes para amar, pero también para entender cuando la relación se acabó, incluso cuando el amor aún no se termina.