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Publicidad en periódico para ¿Quién puede matar a un niño? / Imagen de todocolección.online

Cine, Entretenimiento

¿Quién puede matar a un niño? El terror español

Fernando Roura

24/Marzo/2021

Hablar de cine de terror en España, al menos de cine actual, esporádicamente, aparecen cosas interesantes, y también aparecen otras tantas que pasan con más pena que gloria.

Años atrás, en los setenta y parte de los ochenta, sí hubo cierta industria de este tipo de cine de producción ibérica. Uno de los cineastas imprescindibles, fue Narciso Ibáñez Serrador. Este señor, que posteriormente se decantó por la televisión, estuvo detrás de la mítica serie “Historias Para no Dormir” (1964-1982), así como de dos de las películas más exitosas del cine español; “La Residencia” (1969) y de la que hablaremos esta vez, ¿Quién puede matar a un niño?, adaptación de la novela “El juego de los Niños'', escrita por Juan José Plans.

¿Quién puede matar a un niño?, podría definirse como una versión cruda de los mejores episodios de Historias para no dormir; por ejemplo, el de “El Televisor” (1974), aquel en el que un espléndido Narciso Ibáñez Menta, padre del propio Narciso y protagonista de muchos de los episodios, interpretaba a un hombre obsesionado con la, por aquel entonces, nueva moda de la televisión. Esas historias tétricas, adictivas y con moraleja social, son también el epicentro tanto de “La Residencia” como, sobre todo, de “¿Quién Puede Matar a un Niño?” Ya, durante el largo y malsano prólogo, en el que acontecen imágenes reales de guerras y catástrofes mundiales en la que los niños son los sufridos protagonistas, nos avisan de la intención del relato. Lo que el espectador virgen no espera es el desarrollo del mismo.

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Escena de la película. / Imagen de El país

Una pareja de turistas ingleses disfruta de sus vacaciones en un pueblo español. Deciden alquilar una barca para alejarse del ruido de las fiestas y descansar en una apartada isla con pocos habitantes Allí, no encuentran a ninguna persona adulta, y las tiendas y bares están sin atención. El extraño comportamiento de los niños de la zona anuncia, poco a poco, la inesperada realidad que respiran sus calles; los niños, de algún modo, se han convertido en crueles homicidas.

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Los niños. / Fuente: The Angriest

La pareja de ingleses, bien interpretada por los Lewis Fiander y Prunella Ransome, es el contrapunto perfecto dentro de una tierra que no es la propia, a la hora de enfrentarse a una amenaza totalmente inesperada. La creciente soledad de la sociedad moderna queda impuesta aquí en el contraste entre el mundanal ruido de las fiestas del pueblo playero y el posterior viaje a la isla en la que los niños silenciosos han tomado el control. No hay adultos con los que hablar; debatir lo que sucede y un simple capricho como comprar un helado, se vuelve un imposible. Gran parte de la película se desarrolla en el pueblo isleño, aumentando la tensión por lo que allí sucede. Solo hay que recordar lo que rezaba la publicidad de Alien; “En el espacio nadie puede escuchar tus gritos”; algo parecido a lo que sucede en tal lugar, con la mayor impotencia de no estar en el espacio exterior, sino rodeado de gente que, de pronto, ha desaparecido del mapa o se ha quedado varios kilómetros atrás en la costa disfrutando del sol.

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Uno de los planos de la película. / Fuente: Se rueda

El que esta película siga funcionando hoy en día, sin perder contundencia y desafío para el espectador, es debido al inteligente y desprejuiciado empleo de la violencia realista por parte del director; no se corta en mostrar temas tabúes (más en aquella época) como disparos a bocajarro con los niños como destino de la bala, o a los propios niños usando esas y otras armas intentando asesinar a los protagonistas. Por no citar la imborrable escena de la piñata o el tenso clímax final en el que Narciso se guarda alguna que otra referencia a “Night of the Living Dead” (1968). Nada es gratuito ni morboso, sino que sirve para enlazar con el mensaje del citado prólogo. A modo de cuento macabro, los niños, víctimas potenciales de los males del mundo adulto, han decidido llevar hasta el final su venganza. Aquí podemos encontrar, aunque con contexto y motivos diferentes, referencias obvias a “Village of the Damned” (1960).